Harry Potter y los misterios de la interseccionalidad, los privilegios y la opresión.

Este breve ensayo fue subido por Anna Karsis en su Facebook en razón de la cantidad de estupideces que tuvo que escuchar en relación al #Tetazo.

Debido a su increíble actualidad y brevedad didáctica, optamos por compartirlo en AGUAFUERTES DE SANGRE con algunas correcciones (J.K. Rowling no estuvo involucrada para nada en el desarrollo de este ensayo y debe leerse como un fan-fiction de la saga). 

¡Acompaña al joven mago en esta trágica aventura!


—¡Que privilegiado si soy un laburante! —gritaba un macho el martes, mientras era echado del perímetro del #Tetazo.

***

Uno de los grandes problemas conceptuales que podemos encontrar por afuera de las fronteras del feminismo es que mucha gente confunde el hecho de que se les señalen sus privilegios con que se los acuse de privilegiados.

Y la realidad es que no es lo mismo.

En la sociedad hay diferentes tipos de privilegios que se cruzan. Los de género y los de clase social son probablemente los más importantes por la cantidad de gente a la que afectan. Pero no son los únicos: tenemos privilegios étnicos, culturales, de identidades de género, educativos. Y también privilegios que benefician a las formas “respetables” de vivir.

Cada privilegio representa la contra-cara de un tipo de opresión, porque carecer de ese privilegio implica estar en desigualdad negativa. Llamamos Interseccionalidad a tener en cuenta esos diferentes niveles de opresión y cómo se acoplan e interactúan entre sí. Especialmente en el contexto del desarrollo de estrategias de emancipación. En conjunto, todos los privilegios configuran el complejo sistema de opresión que opera en nuestras sociedades desiguales.

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Sólo se puede afirmar que una persona es privilegiada, cuando sus privilegios son tantos que la sitúan por encima de cualquier tipo de opresión, o que debido a la cantidad de privilegios que tiene, esta opresión se vuelve irrelevante. Privilegiados auténticos hay muy pocos. En general, hombres racialmente aceptables —”blancos”—, de clases altas, cis-hetero —esto quiere decir que percibe su género de acuerdo con su genitalidad natalicia y vive su sexualidad de acuerdo a la (hetero)norma socialmente aceptada— y “respetables”. Muy pocas mujeres —todas de clases altas—, pueden contarse entre estas personas privilegiadas y aún así estas mujeres siempre estarán en desventaja frente a los hombres de su mismo status. En la práctica existen muchísimas personas poseedoras de privilegios que son oprimidas. En términos generales, es real que ningún trabajador o trabajadora es privilegiado. El problema es que los privilegios actúan de forma autónoma unos de otros. El privilegio del género masculino por ejemplo, existe en gran medida con autonomía de los privilegios de clase. Hay circunstancias donde pertenecer a una clase social más alta no pone a una mujer a salvo del privilegio masculino que los hombres ejercen.

Por esto, que alguien sea parte de la enorme masa de oprimidos de la sociedad, 90% o 98% de todos nosotros —depende la fuente—, no implica que no posea privilegios que operen a su vez en la opresión de otras personas.

Esto no es casual. La sociedad reparte estos privilegios para sostener el sistema opresor. El objetivo funcional es que sus poseedores se sientan menos oprimidos gracias a tener gente que se sitúa por debajo de ellos con respecto a ciertas cosas. Porque el privilegio es en parte pasivo, pero en una gran parte es ejercido. Y todo ejercicio de un privilegio, siempre, oprime a alguien. El sistema opresor no funcionaría sin esas auténticas limosnas de privilegios concedidos a tantos oprimidos. El conformismo social que hace viable la opresión se desvanecería. Los privilegios existen en buena medida justamente para eso.

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Un privilegio, entonces, le permite a su poseedor desahogarse a su gusto a costa de quienes no lo poseen. De modo quizá menos directo y general, quizá, hace también que el placer de tener gente por debajo suyo haga que quien detenta el privilegio sea favorable al sistema de opresión, aún cuando él también sea en realidad parte de los oprimidos.

Y cuando un privilegio es poseído por una porción enorme de los principales sectores oprimidos, naturalizado y perpetuado —como es el privilegio de género—, en lugar de cuestionar la opresión a la que esos sectores están sometidos, ese desahogo suele funcionar de forma masiva como reacción. Un ejemplo de esto es la rabia contra las minorías étnicas de parte de muchos sectores pobres. Y en el caso de la opresión de las mujeres se trata de un mecanismo casi universal.

Por supuesto, el sistema combina esto con la coerción. Oprimir a los de abajo es más cómodo, porque combatir la opresión hacia arriba está penalizado por una serie de mecanismos que suelen incluir la violencia física. Pero esto es otra historia.

Así, el macho a menudo prefiere ejercer su privilegio oprimiendo a quienes la sociedad sitúa por debajo de él —básicamente toda otra realidad o expresión de sexualidad que no sean la suya—, en lugar de cuestionar al sistema y a aquellos más privilegiados que él, que son quienes efectivamente lo oprimen. Si el macho no tuviera esos privilegios sobre las mujeres, seria consciente mucho más rápido de la situación de opresión a la que el sistema lo somete.

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Toda persona que ejerce privilegios tiende a aterrorizarse cuando uno de estos privilegios es cuestionado. Se aterroriza porque a veces es el único privilegio que posee y puede ejercer en una vida de completa opresión. En su alienación, ese sujeto percibe ese cuestionamiento a su privilegio como un ataque a él mismo y no como un ataque hacia el sistema opresor.

Quizá el ejemplo más extremo de esto son los hombres cis-hetero de clase media, con el dinero y la educación como para tener amplias ventajas en la sociedad. Tienen tantos privilegios que realmente viven en la ilusión de que son privilegiados, y aunque la gran mayoría de ellos vive siendo desangrado por la explotación del sistema —para cuyo sostenimiento su trabajo suele ser instrumental—, prefieren hacer uso de sus múltiples privilegios para sentirse superiores y pisotear a todos aquellos que la sociedad puso por debajo suyo. Una lástima, porque justamente ellos están en una posición inmejorable para cuestionar a quienes realmente oprimen.

Incluso a veces, estas personas con privilegios perciben los intentos emancipatorios de aquellos —o aquellas— que están por debajo suyo —en la estructura de opresión—, como un intento de dar vuelta la situación para oprimirlos a ellos. Escenario que los dejaría incluso más abajo en la escala de los oprimidos. Por esto, cuando un privilegio se cuestiona, quienes lo poseen lo sienten como una opresión. Como un intento de los no-privilegiados de quitarles un “derecho”.

Ese derecho mezquino a oprimir a quienes están debajo.

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Cuando en realidad lo que está sucediendo es que al tambalear ese privilegio, la opresión real, la que sufren de parte de los de arriba, queda más en evidencia. En lugar de cuestionar la explotación e indignidad a la que las clases auténticamente privilegiadas los están sometiendo, esos pequeños portadores de privilegios —como pequeños accionistas que se creen burgueses— reaccionan como si fuese un ataque contra ellos, o contra su patrimonio. Muchas veces sin entender, y otras sin que les importe, cuánto realmente le cuesta a los oprimidos que ellos tengan esas ventajas, y cuán desesperado es para éstos que esa opresión se reduzca porque se les va la vida en ello.

Es por esto que como poseedores de privilegios parciales, frente a los reclamos del feminismo los hombres deberían entender que cuestionar esos privilegios no es ceder lugares. Es tomar consciencia de quienes son de verdad los que los están oprimiendo. Es necesario tirar a la basura las migajas que les da la sociedad para valorizarse y dejar de hacer su parte en sostener el sistema de opresión.

Ese sistema de opresión en el cual estamos todos sometidos y que para mantenerlos tranquilos los ha convencido de que necesitan esos privilegios —que cargan sobre otras personas una opresión multiplicada que les cuestan sangre—, cuando lo que en realidad necesitan es liberarse de ese sistema.

No somos víctimas, somos sobrevivientes.

¿Y qué va a pasar después? ¿Cuándo el temor se apodere de vuestras entrañas? ¿Eh? ¿Cómo van a hacer después? ¿A quiénes les van a llorar?

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Porque hoy nos matan y nos violan. Hoy, por un fueguito delante de la Catedral y por sacar a un “niño carancho” de una manifestación te hacen una razzia policial. Por una performance  delante de la Catedral de Tucumán —la tierra en la que Belén estuvo presa por haber tenido un aborto espontáneo— te hacen una caza de brujas. Una performance que tenía una contextualización que no era al azar, ya que estamos hablando de la provincia en la cual no aprobaron el Protocolo de Aborto no Punible y donde si querés ejercer tu derecho, te persiguen organizaciones no gubernamentales ligadas directamente con la Iglesia Católica. La misma tierra en la cual si querés respetar los derechos de una mujer, siendo médico o médica y llegás a realizar un aborto no punible te denuncian y te hacen un juicio.

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Una performance que fue un acto de protesta, transformado en violencia simbólica por el INADI Tucumano,  y por una campaña de change.org de casi 50.000 personas. El INADI tucumano interpreta los artículos de las convenciones internacionales tan mal, como esas personas provida que para defender los derechos del niño por nacer aluden al Pacto de San José de Costa Rica, la Convención de Derechos del Niño y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, aunque no los hayan respaldado nunca. Y como siempre, la libertad de expresión de los neonazis, racistas, misóginos, machistas y homolesbotransfóbicos se eleva por encima de los pedidos de justicia. Gracias Tucumán, otra vez. Por supuesto, no solo los tucumanos fueron responsables de los acosos, las persecuciones y repudios inquisitoriales, fue un trabajo colectivo de una Argentina unida en el odio y la misoginia. Aunque la marcha del 8M haya convocado a 300.000 mujeres y estos hayan sido 50.000 gatos locos. ¿Me pregunto que hacen esas 50.000 personas cuando escuchan que el Papa Francisco perdona pedófilos, violadores, pederastas, abusadores y genocidas? Los valores muy bien ubicados: porque la misericordia siempre es para el opresor, nunca para el oprimido. Lo cual nos devuelve a la performance del aborto de Cristo de manera ineludible.

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¿Son conscientes las instituciones que si estos sectores más reaccionarios hubieran sabido que iban a recibir este tipo de poder disciplinador en vez de escuchar sus reclamos como cualquier Estado de Derecho que se preste y una ciudadanía responsable, probablemente hubieran prendido fuego todo? Porque es lo que cualquier persona razonable pensaría cuando no te dejan ningún margen. Esto responde a que siguen subestimando a las mujeres, su capacidad como sujetos de derecho y a la complicidad con la violencia machista, porque no hay otra explicación sobre la falta de voluntad. Y es curioso, no importa cuanto intenten aplicar el poder punitivo, los cambios se siguen exigiendo igual. ¿Cuál fue la última estrategia del Ministerio de Seguridad? Utilizar a Ignacio Montagut para que organizara el famoso y fracasado “Chotazo” y luego utilizarlo como “niño carancho” para poder realizar una razzia policial. ¿Este es el compromiso de este gobierno en erradicar la violencia contra la mujer?

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Las personas que se siguen quejando por las paredes y por sus patrimonios históricos, esos famosos hijos de “la violencia genera más violencia” fallan en entender cual es el origen de la violencia. Y estas medidas, las están tomando por ustedes, por ustedes que eligen hacer causa activa por sus paredes y no por las mujeres asesinadas, por las mujeres “desaparecidas y que aparecen”, por los niños y niñas abusados en el seno intrafamiliar o por miembros de la ICAR. Son ustedes y nada más que ustedes, los responsables. Ustedes son esa opinión pública en la que proyectan cuando hablan sobre la legitimidad de los derechos de las mujeres. Ustedes, los hijos del “por favor”. ¿Por favor trátennos como personas? ¿Los niños por nacer les piden por favor porque no hablan y por eso valen más que la vida de una mujer? ¿Se condolecen más porque les gusta “porque están como ausentes¹”?

Lo que yo les vuelvo a preguntar es lo siguiente. Ya nos matan, nos violan, nos abusan, nos acosan, nos hacen razzias y cazas de brujas. ¿Qué les hace pensar que el poder disciplinador que intentan imponer está funcionando?

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Cuando estén llorando por vuestras paredes manchadas de sangre y arrodillados sobre las cenizas de vuestras Iglesias moqueando por la caída de vuestras instituciones, patrimonios culturales y credos obsoletos, recuerden lo siguiente: Nosotras no somos víctimas. Somos sobrevivientes.


¹ Sí, Pablo Neruda, te re cabió.

Repetí conmigo: “No, no vas a perder a tus seres queridos nonatos, solo vas a ganar derechos”.

La segunda parte de “La nueva ofensiva anti-abortista”  es un ensayo por momentos divertido, que pretende desmentir todos los mitos y leyendas que se encuentran detrás de la legalización del aborto seguro, legal y gratuito. Con el deseo de que luego de leer esta nota, amigo-amiga provida, tengas menos miedo.

No va a ocurrir ningún Apocalipsis Fetal, y nada malo va a pasar cuando te despiertes al día siguiente. 

En esta nueva entrega que podría llamarse “Aborto: Parte Especial”, vamos a profundizar sobre algunas raíces y desmenuzar conceptos presentados en la Parte General de este ensayo en dos partes con el objeto de explicar como no legalizar el aborto seguro, legal y gratuito es una violación a los derechos humanos y una afrenta hacia la mujer como sujeto de derecho.

En vísperas del Centenario de la Revolución de Octubre el leitmotiv de AGUAFUERTES DE SANGRE de este año es la mujer y la conciencia de clase. 


Mitos y leyendas

Con el derecho al aborto seguro, legal y gratuito, no vas a perder a tus futuros seres queridos nonatos (salvo que tengas un aborto espontáneo). Con el derecho al aborto seguro, legal y gratuito, no vas a perder tampoco la posibilidad de llevar adelante un embarazo aunque tu salud esté en riesgo. Tampoco vas a perder la posibilidad de regalar al mundo una gran persona. Nadie va a quitarle a ese ser que llevás dentro tuyo la posibilidad de existir (salvo que tengas un aborto espontáneo).

Si te violan, nadie va a obligarte a abortar.

El derecho al aborto seguro, legal y gratuito no disminuye ni aumenta tu capacidad para tener hijos. Como tampoco disminuye de modo alguno la cantidad de chicos que podés adoptar.

Con el derecho al aborto seguro, legal y gratuito, no vas a perder tu destino manifiesto a ser madre.

14717283_766716580133541_6423337743644724105_nNadie te obligaría a abortar.

Nadie se metería con tu familia.

Ni con tus valores.

Nadie se atrevería a cuestionar tus decisiones.

Nadie se subrogaría decidir cosas por vos.

Nadie jugaría con tu vida.

Ni con tu privacidad.

Porque el derecho al aborto seguro, legal y gratuito lo único que garantiza, es tu libertad de elección. Que puedas autodeterminarte sin intromisiones y de acuerdo a tus creencias. Porque tu cuerpo, no es una discusión social. Pertenece al ámbito de tu privacidad (artículo 19 CN), como sujeto de derecho con soberanía sobre tu cuerpo, y con derecho a proteger tu integridad física, psíquica y moral (inc. 22, artículo 75, CN; inc. 1, artículo 5, Convención Americana de Derechos Humanos). Porque ser madre, no es un trabajo forzado al que puedan obligarte.

O no debería.

La libertad de elección, la libertad de conciencia y la libertad como derecho de la persona humana

¿Tienen las mujeres garantizada la libertad de elección, la libertad de conciencia y la libertad como derecho de la persona humana?

El artículo 15 de la Constitución Nacional Argentina declara:

“En la Nación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrasen, y el escribano o funcionario que lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República”.

Es decir, está abolida la esclavitud en nuestro territorio. Al formular la inexistencia de la esclavitud en el artículo 15, lo que se está declarando es la eliminación del trabajo forzoso u obligatorio. Sin embargo, al no estar legislado el aborto seguro, legal y gratuito, la mujer es esclava de su biología. Porque en teoría, la mujer debería tener soberanía sobre su propio cuerpo, como sujeto de derecho con personalidad jurídica. Debería tener derecho a proteger su propia integridad física, psíquica y moral. Debería poder decidir ser madre y no ser forzada.

Lo que nos lleva a la siguiente pregunta. ¿El Estado reconoce realmente a la mujer como sujeto de derecho, con personalidad jurídica y por tanto con igualdad ante la ley?

El artículo 16 de la Constitución Nacional Argentina articula:

La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.

La garantía de igualdad ante la ley lo que implica es una “igualdad entre iguales”. Es decir que ante iguales identidades o diferencias, todos y todas deben ser tratados por igual, sin prerrogativas de sangre, ni de nacimiento, porque no hay fueros personales ni títulos de nobleza. ¿Está garantizada la igualdad ante la ley de una mujer que no desea ser madre de otra que lo desea? O por el contrario, ¿el Estado favorece a aquellas mujeres que desean la maternidad, por sobre aquellas que no lo desean, al punto de forzarlas? ¿O acaso esta “igualdad ante ley” consiste en que todas las mujeres serán forzadas a gestar sin importar sus deseos u convicciones salvo que peligre su vida o que esa concepción haya sido impuesta por una violación?

¿El Estado garantiza de manera inequívoca la protección de las mujeres de acuerdo a su identidad, libertad de conciencia, derecho a la privacidad y de culto?

El artículo 19 de la Constitución Nacional Argentina establece:

Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.

El status de “persona”, además de otorgar capacidad de derecho, otorga poder de disposición y un área de intimidad que está regulada por el artículo 19. Donde “lo que no está prohibido está permitido”. La doctrina divide el espacio de reserva personal en el área de intimidad, es decir, la esfera personal que está “exenta del conocimiento generalizado de terceros”; y el derecho de privacidad o “right of privacy”: “la posibilidad irrestricta de realizar acciones privadas por más que se cumplan a la vista de los demás y que sean conocidas por éstos” en la medida que no ofendan el orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero.

Es decir que, el aborto no punible, se encontraría encuadrado y protegido por el “right of privacy”, que organizaciones no gubernamentales, médicos, jueces y policías parecen olvidar cada vez que no respetan la capacidad de hecho de la mujer para interrumpir este tipo de embarazos. Y el Estado, mira para el costado a la hora de satisfacer su cumplimiento efectivo. ¿Por qué? Porque tanto el aborto punible y no punible —a pesar de lo establecido en la ley y en los Tratados Internacionales con jerarquía Constitucional—, no pertenece a esa esfera de intimidad de la mujer al que debería pertenecer en todos los casos debido a que un sector considera que “perjudica a un tercero”. ¿Es una persona por nacer “un tercero”? ¿Quién lo determina?

No legalizar el acceso al aborto seguro, legal y gratuito, es una violación flagrante del artículo 19 de la Constitución Nacional, ya que se le está negando a las mujeres el ejercicio de su capacidad moral. Esta falta, a su vez está atentando contra su integridad física y personal,  su derecho a la salud y su derecho a una vida plena, digna y libre de violencia.

linda-maestra-goyaEl artículo 15, 16 y 19 conforma el “derecho de libertad”: otorga un status personal de personalidad jurídica con capacidad de derecho a cualquier ser humano sin importar su sexo, género o etnia por su condición de sujeto de derecho. Un status, como puede leerse en el artículo 16, en el que no se admiten prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: es decir sin fueros personales, o títulos de nobleza, ya que todos somos iguales ante la ley. El derecho a la identidad y el derecho a ser diferente se encuentra amparado en el inciso 17 artículo 75 de la Constitución Nacional. Refiere a los Pueblos Originarios, grupos étnicos, la diversidad sexual y crímenes de odio hacia la mujer —entre otros—, a través de los Tratados Internacionales que incluyen Convenciones sobre discriminación racial, sobre Genocidio, sobre la Tortura y la Convención sobre discriminación de la Mujer. Bidart Campos en su Manual de la Constitución Reformada, al tocar todos estos temas, hace hincapié sobre que estos reconocimientos siempre deben ser dentro de lo “justo” y “posible”, además de que al hablar del derecho a la identidad y a ser diferente, aclara que el reconocimiento de éstos con respecto a la mujer toma en cuenta las diferencias “razonables” entre los sexos. Lo que nos lleva a dilucidar que probablemente una de estas diferencias es la inexistencia de capacidad moral en las mujeres.

¿Qué elementos utilizan los juristas para legitimar la esclavitud de las mujeres, su desigualdad ante la ley y su falta de capacidad moral sin que se note mucho? ¿Qué elementos utilizan para subrogarse la tutela y control? La inexactitud de conceptos doctrinales válvula como “justo”, “posible” y “razonable” sumado con el axioma “lo que no está prohibido está permitido”, más los standards de “orden y moral pública” y ese “tercero” difuso y discutible. Con el uso, apreciación e interpretación que se hace de estos elementos según sea conveniente, es que la doctrina sostiene desde una pretendida moralidad y racionalidad las violaciones de derechos a la mitad de su población.

Porque sobre todo en el mundo de las mujeres, la libertad no es un derecho inalienable. Es una cuestión de interpretación.

A pesar de su derecho a la propia identidad y a ser diferente. A pesar de su derecho a la autodeterminación conforme a sus creencias y libertad de conciencia, y su derecho a la privacidad, a la integridad física, a una salud integral, a tener una vida digna y libre de violencia.

La mujer es una res pública esclava de su biología sin ningún tipo de capacidad moral. Porque no está dentro de lo “posible” y “lo justo” que no lo sea.

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No debería ser posible que una persona, así como decide tomarse una café con leche a la mañana, pueda expresar sin ningún titubeo “que todas esas mujeres malnacidas tienen que cagarse muriendo por asesinas…” O no debería ser posible que salir a manifestarte a la calle con pancartas con fotitos de fetos abortados, no requiera una mínima introspección moral. O colgar un cartelito en la puerta de tu local, o de tu balcón, para aclarar —como si a alguien con dos dedos de frente le importara— que “ACÁ SOMOS PROVIDA”. Decir cosas como “casualmente las que están a favor del aborto están vivas”… como si fuera un oxímoron irracional, cuando claramente si estás muerta no podés abortar; aunque vale reconocer que los cadáveres tienen más derechos que las mujeres en la actualidad. O poner el grito en el cielo en nombre de la “potencialidad”… una palabra que alguien escuchó por ahí y que se repitió hasta el hartazgo, porque la subjetividad colectiva la sentía conveniente. O de manera psicomágica querer asimilar el derecho al aborto, seguro, legal y gratuito a un método de “anticoncepción”. Y no importa para nada que sea un hecho que las centrales nerviosas comienzan a desarrollarse después de la semana catorce. No importa tampoco que se explique que ese embrión no siente (porque todavía no tiene desarrolladas terminales nerviosas). O que ese embrión no es una persona. O que ese “tercero” es bastante dudoso. O que muchas religiones hablan del “soplo de vida”… O de la dependencia que tiene ese posible ser a otro ser, que es una persona completa e independiente…

Argumentos que está muy bien que no te importen; y también está muy bien que defiendas a capa y espada la vida desde la concepción… mientras estemos hablando de tu útero, de tu cuerpo. De tu reserva personal, de tu libertad de conciencia. Porque todos estos puntos de vista, también están incluidos en el artículo 19, en esa esfera de la intimidad. Son opiniones, creencias y convicciones que pertenecen a la interioridad de las personas. La libertad de conciencia y de culto, protege todas las manifestaciones, las internas —libertad de conciencia— y aquellas que se manifiestan —libertad de culto. Más allá de la preferencia católica de nuestro Estado Secular, los Tratados Internacionales a los cuales estamos adheridos no protegen solamente a las personas jurídicas religiosas y aquellas personas físicas que se encuentran adheridas a ellas, protege la libertad de conciencia y de culto de todas las personas, sean estas religiosas o no. Sin embargo, cuando estamos hablando de aborto, estas exteriorizaciones toman otra connotación. Dejan de ser solo exteriorizaciones de nuestra esfera de intimidad cuando violamos la libertad de conciencia, la soberanía sobre el cuerpo y la libertad de elección de las mujeres para esclavizarlas a su propio cuerpo negándoles su capacidad moral y su libertad de elección poniendo en juego sus vidas y su salud.

Porque está muy bien defender la vida desde tus propias concepciones, mientras estemos hablando de tu útero, de tu cigoto, de tu embrión, de tu feto o de tu bebé. El Estado no puede subrogarse la soberanía de tu cuerpo.

Si el aborto seguro, legal y gratuito no va a traer el Apocalipsis de San Juan, como tampoco va acabar con la humanidad —como intentan informar de manera profética y alarmista algunas teorías masculinistas de poca relevancia intelecto-metodológica—, como tampoco va a acabar con la familia, como tampoco van a traer pestes y calamidades inexplicables, o despertar a Cthulhu…

¿A qué se debe este nivel de virulenta oposición y necesidad de control? ¿Por qué someter las acciones privadas de las mujeres a un juicio público? Porque estamos de acuerdo en que legislar conforme a: “violemos la soberanía del cuerpo de las mujeres, esas criaturas sin ningún tipo de capacidad moral, forzándolas a parir porque en mi conciencia y en mi punto de vista personal reside la verdad absoluta de la humanidad toda”, está a años luz de ser razonable.

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La mujer como sujeto incapaz de hecho y de derecho

Una de las cosas maravillosas que trajo la Era de la Razón, además del desarrollo de la ciencia, la Secularidad y el Laicismo fue la racionalización del mal. Hasta el Siglo de la Luces, existía la xenofobia y una misoginia que comenzaba a institucionalizarse como paliativo de una Europa en crisis económica en función de un proceso de acumulación originaria precapitalista, pero no el racismo o la misoginia institucionalizada. Ya habían sido usado los mecanismos patriarcales antes de la ilustración para poder controlar la reproducción en otros modelos de producción económica: tenemos ejemplos en Babilonia, el Imperio Romano, los territorios musulmanes, el pueblo judío, el judeo-cristiano, etc. A partir del siglo XV, sin embargo, la Era de la Razón trajo aparejada una institucionalización de la misoginia y el racismo en una escala que nunca se había visto debido a la caza de brujas y a los procesos de colonización territorial. Como explica Silvia Federici en “Calibán y la Bruja”, el racismo sirvió para justificar y así obtener mano de obra no asalariada en los procesos de colonización de África y América, así como la cacería de brujas sirvió para ejercer control y dominar la reproducción de la fuerza de trabajo.

220px-cooking_witchesAntes del siglo XV, en Europa, el proceso de despojo y precarización de los lugares sociales que tenía la mujer ya habían empezado, habían comenzado a perder capacidad de hecho y de derecho, pero no había caído sobre ellas el nivel de virulencia que se vio en el siglo XV, XVI y XVII. En la Baja Edad Media, las mujeres habían comenzado a ser perseguidas por herejes, se las había empezado a despojar junto a tantas otras personas de los espacios comunales que les servían para autoabastecerse. Además de otros roles de los que fueron expulsadas. A partir del siglo XV, las parteras empiezan a ser alejadas de sus trabajos, ante el avance de la medicina, debido a las pestes, el control reproductivo comienza a ser necesario y los embarazos ilegítimos comienzan a ser perseguidos. La misoginia fue un buen modo de apalear la crisis para los poderosos, ya que al permitirle a los hombres ciertas libertades sobre las mujeres, podían canalizar mejor sus frustraciones y odios de manera “inofensiva” y continuar el proceso de despojo en el proletariado comunal. Así también aquellas mujeres sobre las que recaía la sospecha de que habían perdido embarazos a propósito empezaron a ser perseguidas, se les devolvieron ciertas capacidades jurídicas para poder ser condenadas. El trabajo de la mujer comienza a ser considerado de menor calidad que el del hombre —excusa de precarización laboral que generó un enfrentamiento mayor con ciertos sectores artesanos, ya que se contrataban mujeres porque se les podía pagar un menor salario—, hasta que el trabajo doméstico dejó de ser considerado trabajo y por ende no-pagado —cualquier trabajo que realizare la mujer en su hogar fue sujeto a devaluación: cuidado de niños, cuidado del hogar, de los campos, hilar, mantener los huertos y cocinar— y en muchos lugares se institucionalizó la prostitución y se despenalizaron los ataques sexuales a las mujeres como un modo de apalear la crisis. En el siglo XV la tortura y matanza de mujeres escaló a niveles fenomenales, los sectores eclesiásticos incorporaron por medio de bulas papales la emergencia de brujería y se escribieron imaginativos tratados como “El Martillo de las Brujas” entre otros, para legitimar lo injustificable.

La mujer en los períodos que van de la Baja Edad Media hasta el siglo XIX, no solo pierde su forma de abastecerse y posibilidades de encontrar trabajo sino que se produce su muerte civil. Para el siglo XVIII, con la caza de brujas extinguiéndose y olvidándose, el modelo de mujer que sobrevive es aquella mujer dócil incapacitada de hecho y de derecho, cuyo trabajo era inferior al de los hombres y que no merecía ser remunerado. Esa “buena madre”  y esa “mujer descarriada” creadas por la Iglesia, por intelectuales de la Era de la Razón, “científicos” y artistas. Esa idea bipolar de mujer ángel y mujer demonio que podemos encontrar en la literatura que prevaleció haciendo correr un río de sangre. Una mujer que perdió la capacidad de narrarse a sí misma y autodeterminarse. El mismo ideal bipolar que se puede encontrar en las cenizas de Babilonia con Ishtar, los cultos a Astarté y Moloch en Biblos, en el mito hebreo de Lilith y Eva o en Sumeria con Inanna y Ereshkigal. Esa mujer que junto al proletariado asalariado y a aquellas personas sometidas a la esclavitud que no estaban incluidas en la caracterización de “hombre” de las declaraciones de derechos de West Virginia y posteriormente en las declaraciones de derechos de la Revolución Francesa. ¿Por qué se hace necesario no usar “hombres” como un plural de la especie humana? Porque históricamente ese sustantivo nunca tuvo un fin inclusivo y pretender que ahora lo tiene es invisibilizar nuestra propia historia. Diferencia palpable con la instituta romana de matrimonio monopolizada por la Iglesia y cuya apertura y laicidad es una ganancia hacia la igualdad ante la ley de todas las personas que deseen conformar un contrato matrimonial sin obstáculos de ningún tipo. Si incluso lo miráramos desde el lugar protagónico que tuvo la instituta romana de matrimonio para el control de la reproducción y de la fuerza de trabajo se podría llegar a explicar por qué ese rechazo primitivo al matrimonio igualitario y la necesidad de ampararse en la tradición y la sagrada familia: la laicidad e inclusión de la instituta es un golpe para el sistema capitalista. En cambio, la lucha de las mujeres por ser incluidas en el sustantivo “hombres” no es ninguna ganancia: es aceptar que el género predominante fue el hombre como especie y que ahora, nosotras, tenemos que estar agradecidas por ser consideradas “hombres”.

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Cuando tratamos a la mujer como una res publica, cuando le quitamos su capacidad moral, cuando jugamos con su derecho a la integridad física negándole soberanía sobre su propio cuerpo y la esclavizamos a su biología, estamos volviendo a épocas arcaicas cercanas. Estamos reproduciendo desvalorizaciones adoptadas por un proceso de siglos y siglos hacia las mujeres en su calidad de personas. Procesos que se vienen utilizando hace milenios, mecanismos patriarcales que han sido utilizados de manera efectiva por otros tipos de estructuras de explotación económica. Los mecanismos patriarcales no son innatos del modelo de producción capitalista, así como tampoco lo es la esclavitud. Esto podemos verlo revisando cualquier libro de historia. El tipo de tutela estatal de los cuerpos femeninos llega a occidente a través del derecho romano y el derecho canónico. No así el racismo, que es un producto neto de la Era de la Razón, una racionalización del mal nacida de un error de lenguaje: la naturaleza del alma de las personas. Sin embargo, el tipo de misoginia que sigue anclada en occidente es producto de este largo proceso de acumulación originaria precapitalista como elemento de control que se instauró con la caza de brujas. Es por esto mismo, que podemos mirar los derechos a la libertad y de manera tan naturalizada no ver que aun hoy en nuestro sistema de derecho se están vulnerando derechos fundamentales de las mujeres.

Porque si hay algo que está claro, es que el derecho a proteger la vida y a que se está “matando algo” sea un manojo de células con ADN humano, un embrión, un parásito, un ser humano “potencial” o una persona, está en severa discusión. Incluso, aunque así no lo fuera, la única posición posible a tomar es la libertad de elección. El posible dilema ético que apareje el aborto, es una decisión que debe tomar cada mujer en su autodeterminación y capacidad moral, de acuerdo a lo que dicte su conciencia. No es una decisión que pueda subrogarse ni el Estado ni la gente.

Tenemos derecho a tener control sobre nuestra anticoncepción y sobre nuestra reproducción. Sobre ambas: anticonceptivos para no abortar, y aborto legal para no morir. Ser madre no debería ser un trabajo forzado adjudicado por nuestra condición de mujeres.

Ninguna mujer debería ser esclava de su biología, incluso, aunque alguien haya legislado que el aborto salvo en las excepciones de aborto no punible es delito.

Lavarse las manos en nombre de lo legal y lo justo

¿Podemos decir entonces que el problema está en el Código Penal? ¿Es el problema que el Estado reconozca al aborto como un delito? ¿El problema es el reconocimiento del niño por nacer como persona y sujeto de derecho? ¿El reconocimiento de la vida desde la concepción? ¿El problema está en lo difícil que es codificar y armonizar un nuevo sistema de normas? ¿Es tan complicado ahondar en este tema cuando está claro que en el estado de nuestra Constitución Nacional actual se están vulnerando derechos fundamentales de las mujeres?

image005En el mundo de los in dubio pro fetos, los provida defensores de la legalidad, existe un punto que casi nadie toca… “Es todo un tema como incluir el aborto seguro, legal y gratuito”, “es un asunto delicado”, “el aborto es un delito”. Lo curioso, es que en el mundo del derecho existen los campos de interpretación jurídica, debido a que el derecho codificado presenta bastante dificultad para su reforma. Si hubiera ganas y voluntad, el artículo 19 del nuevo Código Civil Argentino, aquel que reconoce la vida de las personas desde la concepción, se lo podría tomar de una manera amplia, igual que hacen otros Estados suscritos, con el artículo 4 en el Pacto de San José de Costa Rica. ¿Qué quiere decir esto? Que reconocer la vida desde su concepción no es en sentido restrictivo o taxativo. Sino que protege la vida desde la concepción para casos específicos —aquellas mujeres que así lo deseen, por ejemplo— sin violar otros derechos fundamentales. Porque en los Tratados Internacionales con jerarquía Constitucional —tanto el Pacto de San José de Costa Rica y la Convención de Derechos del Niño— según la interpretación de sus alcances para la Corte Interamericana de Derechos Humanos, no existe un reconocimiento del embrión más allá de la mujer embarazada; el embrión se protege no en cuanto a embrión o “persona por nacer” o “sujeto de derecho” o como individuo en sí mismo, sino que su protección surge como parte de la mujer embarazada, es una “persona por nacer” pasible de derechos pero no sujeto de derecho; hacerlo de otra manera —es decir con la interpretación con la que pretenden proteger a la “persona por nacer” los legisladores argentinos, o solo a la mujer gestante que desea llevar a término su embarazo y forzar a la que no lo desea, por ejemplo—, es una violación a los derechos humanos de las mujeres y su soberanía sobre el cuerpo. Otro método muy usado, son las lisas y llanas declaraciones de inconstitucionalidad —como sucedió hace poco en Brasil, con respecto a los artículos sobre aborto en su propio Código Penal—, que pueden verse aplicadas en diferentes leyes marco de nuestro extenso sistema jurídico. Como el fallo FAL, de la Corte Suprema de Justicia, que actualizó los alcances del aborto no punible que no estaban delimitados en las excepciones del inciso 2 del artículo 85 del Código Penal Argentino. Generalmente, el énfasis en las modificaciones y el exacerbado legalismo, se utilizan como argumento cuando no hay ganas de examinar determinadas políticas públicas. No es porque “sea difícil” o porque “no se pueda”, es porque existe una voluntad política que elige violar sus propios principios y postulados para controlar mediante su poder punitivo a todas aquellas mujeres que no deseen gestar o ser madres en nombre de un bien jurídico moral, que en un alarde de irracionalidad sin precedentes —salvo quizá, cuando la mujer era una muerta civil— está contenido en nuestro Código Penal Argentino como un “Delito contra la vida” cuando lo que se está penalizando es la acción típica de una mujer que no cumple con la identidad implícita otorgada por el Estado: la de madre. 

300px-divino_infante_5El mismo análisis puede usarse para el concepto escolástico de “concepción” y la aparición de la persona humana. Los modelos causalistas se han dejado de usar por su pobre capacidad para delimitar los hechos. ¿Por qué la concepción? ¿Por qué los óvulos o los espermatozoides no son considerados el comienzo de la vida humana? Penalizar a las mujeres por abortar no está muy lejos de penalizar a los hombres por masturbarse o a las mujeres por dejar ir sus óvulos no fecundados una vez al mes. El gran problema de las teorías causalistas, es que todas las líneas que se trazan son imaginarias. No pueden supeditarse las decisiones morales de las personas a fantasías. La regla moral detrás del concepto de concepción no es racional, es misoginia. Para cargarse los derechos reproductivos de la mitad de la población se necesita algo más que “la línea tiene que trazarse en algún lado”. La filosofía de la moral y de la ética ha avanzado mucho más que esto desde los albores de la Era de la Razón. La convicción sobre la protección de las personas por nacer es muy respetable mientras sea una elección. Una elección que debe ser reconocida, respetada y amparada por el Estado pero bajo ningún concepto una regla general policial. No hay equidad, ni soberanía sobre el propio cuerpo, ni autodeterminación, ni derechos reproductivos, ni derecho a la salud, ni igualdad ante la ley si se le niega capacidad moral a la mitad de la población.

El derecho al aborto seguro legal y gratuito salva vidas

La mujer no será un sujeto de derecho pleno hasta que el derecho al aborto seguro legal y gratuito sea reconocido. Ya que el acceso al aborto clandestino actualmente está supeditado a la capacidad económica. Reconocer este derecho no va a aumentar la cantidad de abortos si no evitar que mueran mujeres que no pueden pagarse abortos seguros. Por otro lado, la excepción de punibilidad para los abortos producto de violaciones o riesgo de vida, sigue siendo un castigo sobre las decisiones de las mujeres, de aquellas “otras”, es decir: misoginia. Una misoginia que se ve reflejada en los obstáculos que ponen algunos médicos, organizaciones no gubernamentales y gubernamentales, cada vez que se le ponen obstáculos a la capacidad de hecho de la mujer que encuadra en la excepción de aborto no punible. El reciente e irracional caso “Belén” es una clara muestra de la misoginia institucionalizada en nuestra sociedad. Una mujer que no sabía que estaba embarazada y que tuvo un aborto espontáneo en un hospital público en Tucumán a la cual se le armó una causa penal, se la criminalizó y estuvo presa tres años… por tener un aborto espontáneo.

el-mundoCada vez que el sistema capitalista se encuentra en crisis, el status jurídico de la mujer se encuentra en riesgo. Basta con mirar la reciente despenalización de la violencia doméstica en Rusia o la quita de fondos públicos para el aborto seguro, legal y gratuito realizada por Trump en Estados Unidos, o el intento violento de prohibir el aborto en Polonia sin excepciones y yendo sobre derechos adquiridos, o —volviendo sobre Federici— el racismo creciente ante los musulmanes o la situación de la mujer dentro de los mismos Estados Musulmanes. O mirando más de cerca, el coqueteo gubernamental ante un nuevo anteproyecto de ley de privilegios religiosos, objeción de conciencia, blasfemia y sacrilegio como respuesta a las multitudinarias marchas de mujeres en el 2016 en contra de la violencia de género y los femicidios o la propuesta de bajar la edad de imputabilidad penal como tapones ante la falta de voluntad política de solucionar los problemas endémicos que arrastra nuestra sociedad.

Si lo que molesta es que las mujeres que abortan de manera clandestina no mueran con la legalización del aborto por no querer responder a la identidad implícita otorgada por el Estado y una parte de la sociedad, entonces estamos permitiendo, además, que malas personas se tomen atribuciones sobre derechos que no les son propios. Y el Estado al ignorar estos reclamos está siendo cómplice por omisión y violando derechos humanos, ya que permitir la muerte de mujeres por abortos clandestinos, es un ejercicio por omisión del poder punitivo. Porque la base de la voluntad política, religiosa y social entonces, está supeditada al interés de que esas mujeres que no comparten el mismo punto de vista sobre la concepción o el rol genérico que se les impone, sean castigadas o que como mínimo tengan la dignidad de morirse por no querer ser madres o por no querer gestar, o porque las violaron y quedaron embarazadas, o porque les falló el método anticonceptivo o simplemente, porque se echaron un polvo. ¿Qué tipo de valoración moral existe en este razonamiento hacia esa mitad de la población que tiene útero? ¿Qué dice esto de ustedes como seres humanos?

Repetí conmigo: No somos vasijas, somos personas.


Bibliografía:

  • Belluscio, Augusto C. Manual de Derecho de Familia. 10ed. Argentina. Abeledo-Perrot, 2012. ISBN 978- 950-20- 1454- 8
  • Bidart Campos, Germán J. Manual de la Constitución Reformada. 5ta reimpresión. Argentina. EDIAR, 2006 (TOMO 1). ISBN 950-574-111-1
  • Frazer, James George. La rama dorada. Magia y religión. 3ed. Argentina. Fondo de Cultura Económica, 2011. ISBN 978-607-16-0646-4
  • Federici, Silvia. Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. 1ed. Traficantes de Sueños, 2010. ISBN 978-84-96453-51-7
  • Gilbeert, Sandra M., Gubar, Susan. La loca del desván: La escritora y la imaginación del siglo XIX. 1ed. España. Cátedra, 1998. ISBN 978-843-76-1668-1
  • Habermas, Jürgen. El discurso filosófico de la modernidad. 1ed. Madrid. Katz Editores, 2010. ISBN 978- 987- 1283- 71- 2
  • Kelsen, Hans. ¿Qué es justicia? 1ed. Buenos Aires. Editorial Planeta Argentina, 1993. ISBN 84- 395- 2195- 2
  • Nash, Claudio, Sierra Porto, Humberto A. “Género y derechos humanos de las mujeres”. Cuadernillo de Jurisprudencia de la Corte de Interamericana de Derechos Humanos, no. 4, p. 37 (2.1.2. Alcances de la protección del derecho a la vida, art. 4 CADH, .226), 2015, http://www.corteidh.or.cr/sitios/libros/todos/docs/genero1.pdf
  • Pieters, Simon. Diabolus. Las mil caras del diablo a lo largo de la historia. 1ed. Colombia. Editorial Planeta, 2006. ISBN 978-958-42-2060-8

La nueva ofensiva anti-abortista.

En este artículo especial en dos partes, Ana Karsis nos obsequia un pormenorizado análisis de la estrategia anti-abortista y por qué ésta coquetea con el comportamiento criminal tratando a la integridad física femenina como “cosa publica”. 

La segunda parte de este artículo,  realizado por Úrsula de la Marca, se ocupa de los Mitos y Leyendas pro-feto, la mujer como sujeto de derecho, su capacidad de hecho y de derecho, y las circunstancias históricas que llevaron a su muerte civil y la posterior recuperación de sus derechos civiles.


El proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del embarazo ha llegado al Congreso a fines de Junio por sexta vez. Diez años pasaron desde que se lanzó la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y unos 30 desde que el tema comenzó a discutirse en Argentina, razón por la cual se lo ha denominado una “deuda de la democracia”. En aquel entonces, sólo los países comunistas, las social-democracias y otras naciones socialmente avanzadas de Europa contaban con el reconocimiento de este derecho. En estas tres décadas este reconocimiento se ha extendido a casi la totalidad del mundo desarrollado, salvo por unos pocos países donde el aborto se encuentra desjudicializado. Esto quiere decir que el procedimiento no está penado y que la práctica solo requiere la aprobación del médico.

aborto-legalPese al tiempo que lleva el debate en Argentina, la situación no avanzó del mismo modo que en ese mundo moderno al que tantas facciones políticas aspiran —o dicen aspirar— a pertenecer. La aprobación de una ley que permita la interrupción voluntaria del embarazo se ha detenido varias veces, en muy diversas instancias. A la par de esto, la opinión pública con respecto al tema permanece dividida, pero también neutralizada en parte por el bombardeo constante y sistemático de argumentos, sobre todo desde sectores fuertemente reaccionarios que están en contra del reconocimiento de este derecho. Las voces a favor, por el contrario, han ido creciendo en alcance y solidez, pero todavía no han podido escapar de la situación de polémica con sus oponentes.

1320935287058-abortoEstos sectores reaccionarios tienen en su agenda política el perpetuar ciertos valores sociales tradicionales —y con lineas de razonamiento bastante irracionales— de un esquema en el que son clave construcciones ideológicas como las de “madre” o “familia”. Así, hacen de la discusión sobre el derecho al aborto una materia en la que puede opinar toda la sociedad. Eligen llevarla a un campo de res publica —cosa pública, esfera pública, cuando en realidad se trata de un derecho personalísimo: el derecho a la integridad y la autordeterminación física; tan elemental como el derecho a la vida y del mismo grado que éste. Los sujetos de derecho biológicamente masculinos tenemos este derecho completamente garantizado, al menos en lo que a los estados modernos respecta. Mientras que en los sujetos de derecho portadores de útero está condicionado: una de sus funciones corporales —la capacidad reproductiva—, hace que su derecho a la integridad física —o parte de él— dependan de la opinión pública.

Entonces, la existencia de la polémica, en tiempos en que ese derecho a la integridad física ha sido ya definido y reconocido a nivel internacional, es de por sí el principal problema.

El único problema.

Debido a esto, los sectores que aspiran a que la capacidad reproductiva femenina continúe siendo un espacio válido de la opinión pública —en lugar de recuperar su lugar en la órbita privada—, mantienen su posición intacta incluso aunque pierdan el debate. Justamente porque sigue siendo la opinión social la que decide, y no los sujetos de derecho a los que los cuerpos pertenecen. Incluso si se legalizara el aborto de manera condicionada, al mantenerse ese espacio de opinión, el derecho a la integridad física quedaría en entredicho para la mitad de la población: aquella que porta útero.

crrkuw8w0aaqvmbAsí, Argentina ha quedado en el grupo de países periféricos, católicos, la mayoría latinoamericanos, donde la discusión del aborto tiene lugar, donde incluso está despenalizado para ciertas circunstancias, pero donde no es reconocido como parte integral de un derecho elemental. Las razones de esto son prácticamente análogas en todas estas naciones. El poder político de la Iglesia Católica es un factor muy fuerte en todos los casos, y sin duda es uno de los pilares principales de ese sistema de valores, pero puede ser un error pensar que esta situación se limita a argumentos religiosos. Éstos son, en todo caso, uno de los elementos que apuntalan y legitiman este sistema. Porque el corazón de ellos es un elemento más básico: la misoginia.

La misoginia es una forma de odio colectivo que tiene por blanco al género femenino. Cuando hablamos de odio al género femenino, o misoginia, no hablamos necesariamente de una animosidad físicamente destructiva (aunque sabemos que la misoginia también se manifiesta de estas formas). Nos referimos a tomar por aceptable la idea, basada en premisas naturalizadas, de que un grupo humano determinado —un género en este caso, la mitad de nosotros— es inferior, dado que no es merecedor de que sus derechos individuales —o algunos de ellos— les sean reconocidos de forma cabal, sino que es lícito que estén condicionados por ciertas características. En este caso son características biológicas innatas, algo no muy diferente de lo que sufrían los africanos subsaharianos en las sociedades en las que habían sido vendidos como esclavos.

Por esto es que se habla de ideologías de odio tanto al referirse a la misoginia como al racismo.

En el caso de la mujer, la excusa biologicista para vulnerar algunos de sus derechos fundamentales es la naturalización de sus funciones reproductivas y su rol como “madre”. Porque en su cuerpo se gestan los futuros individuos de la sociedad. Esos futuros ciudadanos “potenciales”. Por medio de este atropello  —el jerarquizar el rol de útero y madre por sobre el de persona o sujeto de derecho—, el cuerpo de la mujer se transforma de manera arbitraria en un espacio válido de ser vigilado por la sociedad.

mujerxxEn los últimos tiempos se leen muchos ataques a la reivindicación del derecho al aborto, quizá como reacción a  la fuerza con la que crecen los argumentos a favor. Muchos de estos ataques abandonan la retórica clásica que apela a la “piedad por el niño por nacer”. Y en lugar de ella  asumen posiciones de violencia, franqueza y arbitrariedad más abiertas. Reacciones de este tipo se vienen viendo en niveles y ámbitos muy diversos. Por un lado tenemos declaraciones como las de Aurelio García a principios de año, que hablan de  de “hackear el código civil” —algo que ya lograron— para instalar como base legal ese debatible principio escolástico de la “concepción”, parte integral del razonamiento naturalizador de la reproducción humana y en especial del papel de la biología femenina en ella.

Por otro lado tenemos declaraciones más apelativas, menos razonadas, que tratan de cargar a la posición proaborto de un sentido peyorativo de “ideología”. Discurso común usado en el pasado para atacar a la Izquierda. Ejemplo de estos recursos son las inatinentes declaraciones de  principios de año de Luciano Bugallo, asesor de Liliana Carrió; o notas como esta: Feministas presentan el proyecto de legalización del aborto, exabruptos reaccionarios y  vagos que dejan al descubierto su carácter misógino.

Hay muchas formas de analizar esta ofensiva renovada, y  es cierto que hasta puede decirse que su animosidad deja al descubierto debilidades en la integridad de sus argumentos. Pero no debe perderse de vista que aún con estas campañas de discurso arbitrario, atropellado e irracional, los planteos anti-aborto logran su cometido.

Ese cometido no es ganar la discusión, sino mantener instalada la polémica y llevarla hacia  puntos que son irrelevantes. Puntos como los “derechos del feto/niño por nacer”, la “familia natural”, la “maternidad natural” —esgrimido por muchas mujeres profeto—, y toda una plétora de elementos que ocultan la realidad objetiva: que un derecho básico no les es reconocido de manera íntegra a la mitad de la población.

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Situar allí la discusión es ilegítimo desde el comienzo, porque se está poniendo en entredicho un derecho personalísimo. Así, a efectos operativos, el avance en la legislación logra siempre retrasarse, aún cuando la opinión pública y calificada se acerque cada vez más a una mayoría  a favor de la libertad de elección.

Los elementos de estos sectores reaccionarios que tienen peso en el poder legislativo recurren de manera sistemática a mecanismos burocráticos a nivel institucional para lograr estos retrasos —del tipo que ya se vieron en presentaciones anteriores de la ley—, evidenciando que si bien siguen convencidos de que tienen razón, no confían en poder imponerlo en una discusión diáfana. Esto puede ser lo más cerca que va a estar un fanático de reconocerse equivocado.

Pero igual, cumple su cometido.

e995319095ae77ea5d6d0d1c7f8e1f28Hay muchos modos de dar dimensión real a la definición de que la integridad física es un derecho que no puede cuestionarse sin caer en una actitud criminal. Los métodos anticonceptivos fallan, y la provisión de muchos de ellos también es vigilada por los sectores reaccionarios y misóginos.  La mayoría de los abortos tienen lugar en sectores con bajos niveles de acceso a la educación sexual. Dar en adopción no es una opción realista, ya que las trabas burocráticas pueden retrasar años el proceso, sobre todo si la persona que entrega a su hijo está en emergencia económica. Las violaciones o riesgos de salud son a veces la realidad de la abortante, pero no siempre es el caso. La gente a veces queda embarazada y no tiene posibilidades de seguir su vida normalmente con un hijo. Nueve meses de embarazo pueden truncar para siempre una carrera basada en el rendimiento físico. O limitar seriamente una carrera laboral o de estudios. O poner una carga económica que no puede llevarse adelante sin bajar la calidad de vida. O es demasiado joven para la responsabilidad de ser madre. O demasiado mayor. O está demasiado ocupada. O tuvo sexo casual y no tienen deseos de formar un vínculo parental con la persona que tuvo la mala suerte de embarazarla.

O simplemente no quiere ser madre.

Todos estos, aunque son ejemplos visibles, son el efecto externo de un denominador común: el derecho a la autodeterminación sobre el propio cuerpo y la propia vida. Por eso no pueden ser discutidos por separado. Todos ellos, y otros, son igualmente válidos. Porque lo que en realidad es válido es el derecho personalísimo que garantiza estas decisiones. Negar ese derecho, en cualquier nivel, por más que no le guste a alguien el criterio con el que se utiliza, es un crimen. Considerarse habilitado para opinar sobre si este derecho debe aplicarse o no, también es un crimen.

La omisión del Estado también es un crimen.

Crímenes sociales contra las mujeres, porque aunque los hombres seamos condenados socialmente de la misma manera en algunas de estas circunstancias, son las mujeres las que sufren esta arbitrariedad en su propio cuerpo. Por eso es un crimen misógino.

Misoginia institucionalizada.

imagesCuando se habla de aborto, debe entenderse que se habla de una parte del derecho a la integridad y a la autodeterminación física. Es un derecho personalísimo, de primer nivel, del mismo grado, no inferior que el derecho a la vida o el derecho a la libertad. Son absolutos e inalienables, es decir, no pueden ser transferidos con ningún mecanismo, ni puestos en discusión. Estando al mismo nivel, no es lícito vulnerar uno de ellos para defender el otro. Forzar a alguien a parir a otra persona es vulnerar un derecho para, en el mejor de los casos, defender otro. Sería el equivalente a obligar a alguien a donar órganos o partes del cuerpo no vitales (como sangre o médula). Cuestionar moralmente a la persona que no elije donar sus órganos puede ser válido desde un punto de vista subjetivo, pero pasar por encima de su derecho personalísimo a la integridad física y a decidir qué hacer con su cuerpo y su destino no lo es, bajo ningún punto de vista.

Por todo esto, este derecho es independiente, en términos objetivos, de los supuestos y discutidos derechos que pueda tener el embrión. La realidad objetiva es que prohibir el aborto es una vulneración sin importar si esta prohibición existe para proteger los derechos de otra persona o no. Se disfrace con la retórica que se disfrace, se están vulnerando los derechos de una persona.

Y defender los derechos de una persona quitándoselos a otra no es válido.

Ni siquiera por el derecho a la vida.

Si abortar es un crimen o no, pasa por la moral individual y subjetiva de cada persona. Que la sociedad se arrobe derechos sobre el cuerpo de las mujeres es objetivamente un crimen ético. La existencia de métodos de prevención del embarazo, o apelar a la supuesta “condición de persona” del embrión, no atenúan el crimen socialmente avalado que se está cometiendo con la prohibición  del aborto.

el-feto-es-persona-eligelavidaY justamente, muchos de los argumentos que hoy día se debaten tienen la peculiaridad de centrarse en el derecho a la vida del embrión humano al que se está abortando. Las discusiones instaladas tratan sobre cuándo comienza la vida, sobre si hay derecho o no a interrumpir el desarrollo de esa vida, sobre a partir de cuándo se desarrolla su Sistema Nervioso Central, cuando empieza a sentir dolor o a tener subjetividad propia. Esta discusión es válida a nivel técnico y clínico para darle a la gestante (si ella lo desea) información útil para tomar la decisión de interrumpir su embarazo. Pero se utiliza en la práctica para vulnerar sus derechos. Y se seguirían vulnerando si la gestante estuviera por ejemplo, obligada a escuchar estas argumentaciones estando en una situación emocionalmente vulnerable de llevar un embarazo no deseado. Ese simple gesto podría tranquilamente calificar como tortura en una corte internacional, si se aplicaran los criterios que se aplican para, por ejemplo, los crímenes de guerra.

La realidad de la discusión clínica y legal está muy lejos de llegar a una conclusión acerca de si un embrión es una persona, algo que ni siquiera es probable. Por ende, lo que proponen los anti-abortistas es vulnerar los derechos básicos de una persona para poder debatir sobre si algo cuya naturaleza de persona está en severa discusión, tiene o no derecho a vivir.

La soberanía sobre el propio cuerpo no es asunto de debate público. No tenemos derecho a debatir sobre qué hace una persona con su cuerpo. No podemos obligarla a donarle su vientre 9 meses a un feto del que no quiere ser madre, y menos sugerir que debería donarle directamente su maternidad.

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Los derechos personalísimos de los sujetos están por encima de su condición biológica, algo que todos aceptamos, excepto para las mujeres, en algunas partes atrasadas del planeta. En esos casos, su condición de persona parece secundaria a su condición de órgano reproductor social. Es aquí donde queda en evidencia la naturaleza de odio social contra la mujer oculta tras este debate público.

No es la razón la impulsora del debate, es la misoginia.

“Odio” en el sentido de anular a alguien como persona por definición, como hace el racismo con determinadas etnias. Porque incluso si se ejerce un castigo sobre un criminal, sus derechos están presentes y son vulnerados sólo porque el crimen contra la sociedad se considera razón válida para suprimirlos, aún en los casos donde se aplican penas capitales. En el caso de prohibir el aborto, por el contrario, el castigo se impone por algo que la persona es.

Se intenta hacerla esclava de su propia biología.

Esa es la definición misma de odio, y esta prohibición evidencia el odio que esta sociedad opera sobre la mitad de su población.

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Para finalizar, es importante señalar que los derechos personalísimos no son “algo” que el estado o la sociedad conceden, no procede de la fuerza de la ley ni del consenso. Los derechos personalísimos pertenecen a todas las personas en tanto personas. Lo que se le pide al estado es que los reconozca. Una autoridad que no reconoce y apoya con su legislación un derecho personalísimo, lo está vulnerando. Los aparatos reproductivos de la gente no son un bien social sobre el que podamos opinar. No son una res publica.

Es hora de que la sociedad madure y que busque defender el bien común en otro tipo de discusiones más dignas y humanas, como por ejemplo, salir a marchar por la cantidad de mujeres muertas por abortos clandestinos y su vulnerado derecho a la salud integral.


 Seguí leyendo: Repetí conmigo: “No, no vas a perder a tus seres queridos nonatos, solo vas a ganar derechos”.

Los feminismos y las falacias del hombre de paja para principiantes.

Preliminar

Escribí esta nota el 12 de octubre de 2015, en respuesta a la cantidad de animaladas y falta de empatía que tuve la oportunidad de leer en razón de los disturbios sucedidos en la Catedral de Mar del Plata por el Encuentro Nacional de Mujeres (comentarios que también se repitieron con el encuentro en Rosario). Con esta nota sucedieron muchas cosas. Por empezar, el primer párrafo tiende a confundir al lector o lectora ya que están enumeradas algunas de las falacias de conclusión inatinente. Las reacciones fueron tres: algunas personas vinieron a putearme, pensando que estaba bardeando a los feminismos… por esa maldita costumbre de no leer y sacar conclusiones apresuradas e inatinentes; el segundo grupo, pensando que estaba bardeando a los feminismos, le puso “me gusta” y me felicitó (?); el tercer grupo, leyeron efectivamente la nota y entendieron punto por punto de que iba.

Volví a publicar la nota el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de este año y hoy la publico de nuevo para AGUAFUERTES DE SANGRE, corregida (ya que la versión anterior tenía algunos errores involuntarios) y con la promesa de que tendrá una segunda, tercera y cuarta parte. Ya que los masculinistas siempre encuentran cosas para adjudicarle gratuitamente al feminismo y desinformar.

Por otro lado, se hace necesaria una segunda, tercera y cuarta parte, debido a que hay muchas confusiones con respecto a cuando se configura una falacia y cuando no. Esto se abordará en publicaciones futuras.


sargent-atlas-and-the-hesperides_2¿Por qué si el feminismo aboga por la igualdad no lucha por la violencia en general? ¿Por qué no se ocupan entonces por el hambre de los niños en Kenia? ¿Por qué si es un movimiento humanista hace discriminación positiva? ¿Por qué no se ocupan de los hombres que sufren violencia, también? ¿Acaso la violencia hacia el hombre, no es violencia? ¿Cómo esperan que las tomemos en serio?

Algo que no deja de llamar la atención es el fenómeno de que si sos feminista y solo en el caso de feminista (como si fuera un movimiento hercúleo moderno), este debe ocuparse de todos los problemas del mundo. No se le exige eso ni a los partidos políticos locales. Entonces, la pregunta es: ¿por qué sí al feminismo? Otra cosa que no deja de sorprender es la presunción de que si el feminismo lucha por determinados intereses, esos intereses necesariamente están en contra de casi todas las preguntas enumeradas en el primer párrafo (ya que la última pregunta es saco de otro costal).

Estas argumentaciones son conocidas como la falacia del hombre de paja. En lo práctico se configura cuando al discutir con un rival, se incluye en el discurso propio argumentos que no tienen nada que ver con la premisa inicial, incorporándolas a los argumentos del oponente. De esta manera, el contrincante tiene dos opciones: o ignorar los argumentos que se le adjudicaron o dedicarse a explicar que no quiso decir eso. De esta manera el contrincante sale de su eje, queda desacreditado y la discusión se pierde en la nada. Un ejemplo claro de esto es cuando una mamá le dice a a su hijo o hija: “Comé toda la comida”, entonces el menor que no tiene más hambre contesta: “no quiero comer más”. Ahí, de manera cómoda y facilista, mamá contesta para desacreditar su falta de hambre y que coma toda la comida algo así como: “¿sabés cuántos chicos en África se pelearían por tu plato de comida?” Táctica que funciona hasta que se crece y se entiende que la falta de ganas de comer no tiene absolutamente nada que ver con las situaciones económicas que se viven en África. Y que la falta de hambre no está legitimando de ninguna manera el hambre en África. O mejor dicho, que por no querer comer más, no se está despreciando al pueblo Africano.

10931426_10205191417759517_8741474055854213679_nEl uso del condicional no es una falacia en sí: si p entonces q. Donde incluye a p. La vida da montones de ejemplos donde los enunciados condicionales son necesarios. Los razonamientos deductivos e inductivos no podrían existir sin los condicionales. ¿Qué diferencia el uso del condicional de una falacia utilizando el condicional?

La lógica en la argumentación.

Esta lógica se utiliza en la aplicación de todos los conectores. Lo que crea la falacia no es el uso del conector en un enunciado. Muchas personas no entienden que la lógica es algo así como la Convención de Ginebra de los debates¹. Estudiaron lógica, creyeron que lo entendieron y caen en todos los lugares comunes que Wittgenstein describe como errores de lenguaje².

Se puede decir: “si esto, entonces aquello”. Lo que no se puede decir y ahí se cae en los errores de lenguaje, es algo como: si no comés, es porque te chupa un huevo el hambre en África o; si sos feminista, entonces, estás a favor de la violencia en general.

Lo que está en juego acá, es la coyuntura de la afirmación. Porque es distinto decir, si sos feminista entonces estás en contra de la violencia (porque no tiene sentido que abogues en contra de la violencia de género si no estás en contra de la violencia en general). O si no querés comer más, es porque no tenés hambre. Y volvemos al querido Si p entonces q.

Es el mismo condicional. La diferencia está en la coherencia interna del enunciado. También se puede decir un enunciado que tenga coherencia interna y que este sea incorrecto. Esta es una de las limitaciones que tiene la lógica. El tema es que cuando se está hablando de un enunciado correctamente formulado: es decir QUE DE UNA PROPOSICIÓN VERDADERA NO PODEMOS CAER EN UNA GENERALIZACIÓN FALSA (V F = F), se puede discutir y se puede hablar.

triunjacUna confusión similar se generó con la publicación anterior de este blog: Vandalismo: ese terror pequeñoburguésPor alguna razón, muchos lectores y lectoras se sintieron interpelados de la siguiente manera: “si te molestan las pintadas, sos un misógino defensor del Patriarcado”. Cuando el artículo estaba presentando de manera válida un análisis histórico del constructo llamado “vandalismo” y como se configuró a lo largo de la historia. De más está decir que a lo largo del texto nunca apareció la palabra “patriarcado”. De hecho, los contextos históricos presentados y el paralelo que se logró trazar para inferir un estado de situación al presente —en relación a los disturbios de Rosario—, no se encontraron con diferencias. Y sin embargo, se insinuó que se estaba cayendo en una conclusión inatinente.  

¿En que se diferencian las conclusiones de la nota sobre vandalismo  y el ejemplo del niño  que no quiere comer y su madre?

Que las pintadas son resultado directo de la manifestación. Es un daño colateral producido por la manifestación. Y no estamos justificando cualquier tipo de daño colateral, tampoco. Estamos hablando de pintadas en una manifestación por violencia de género. Una manifestación para que dejen de matar gente. Una manifestación para que dejen de pensar a las mujeres como cosas. Una manifestación de mujeres enfurecidas, que el Estado se esfuerza por silenciar al ignorar, reprimir al escuchar y matar con su inoperancia. En una manifestación o huelga, el afectado es el objeto de la manifestación o huelga y el tercero. Podría citarse el texto de Roland Barthes “El usuario y la huelga”, perteneciente a Mitologías como antecedente al análisis presentado. Eso, hace que no se configure una falacia del hombre de paja, cuando se señala que las reacciones desorbitadas por las paredes no son producto del patriarcado, sino de un terror pequeñoburgués. Podemos estar a favor de la tesis presentada o refutarla pero no acusar a la tesis de falaz, ya que la regla de coherencia interna del enunciado, se respeta. Falacia que sí se configura en el caso de los niños de África y el niño que no quiere comer su comida. 

Retomando la pregunta inicial, ¿por qué es tan común chicanear a los movimientos feministas con este tipo de razonamientos inválidos? La lógica parecería indicar que es para desacreditar, diluir o  dejar en la nada reclamos que son válidos. Ya que otro sin razón que se le achaca al feminismo es la legitimidad del reclamo cada vez que alguien emite una frase del tipo “¿cómo vamos a tomarlas en serio?”.

¿Tomar en serio? El reclamo es válido.

14711207_10155338240079746_1328301815238432872_oPorque más allá de todas las injusticias, igual de graves que suceden en el mundo entero; es válido que un grupo abogue por las injusticias por las cuales luchan los feminismos: por el aborto seguro, legal y gratuito; igual salario por igual tarea; eliminación del atenuante “crimen pasional”, para que dejen de morir mujeres por violencia machista y para que no haya más violaciones; y en el “mientras tanto”, para que se penalicen estas conductas como corresponde, para que no sean más realidades invisibles. Hay que educar para cambiar. Porque luchar por estas cosas es ser humanista. Si las preocupaciones de algunos y algunas no residen en las cuestiones feministas es válido que aboguen por las causas que les importan. Lo que no es válido es achacarle al feminismo que luche por las causas que a ellos y a ellas les importan. Es más, si esas causas les importan tanto como para querer achacárselas a otro movimiento y no pelear por ellas; lo más probable es que no les importen tanto como querer desacreditar a los feminismos. Como cada vez que se hace una marcha bajo el lema #NIUNAMENOS y aparecen los moralistas de siempre a recordarnos que es #NADIEMENOS. Cuando se levantan slogans contra la lucha contra el cáncer no aparecen personas a recordarnos que luchar por todas las enfermedades es importante. Razonar que la violencia de la mujer contra el hombre subyace en los feminismos —o que también es violencia de género—, o que el hambre de África es culpa de los feminismos, o que la mujer busca la superioridad en torno al hombre y por eso la discriminación positiva, o no tener ni idea que significa la palabra feminista, o desacreditar a un movimiento por una conspiración Iluminati, no es una argumentación razonada (tampoco el #NADIEMENOS).

b5da985b-2d5a-4823-bfea-5baa1cf2e0beEs una chicana que ayuda a no salir de la zona de comodidad. Es válido que no les interesen las luchas feministas. Es válido que no estén de acuerdo, y es válido que lo expresen y lo defiendan, si estas posturas son pensadas y razonadas. ¿Hay personas que se abusan del derecho? Sí, las hay. ¿Cómo se hace entonces para evitarlo? ¿Peleando contra los feminismos o buscando equidad? ¿Es válido achacarle al feminismo el abuso de derecho que se puede cometer con una ley creada para proteger a las mujeres en condiciones de desigualdad? ¿Es válido castigar mujeres no legislando una ley por aborto seguro, legal y gratuito porque no comparten la cosmovisión fetal de algunos y algunas? ¿Es válido esconder la misoginia detrás de un slogan cobarde como el #NADIEMENOS?

Entonces, cayendo en el lugar de la falacia del hombre de paja se podría decir: ¿por qué estas personas solo se preocupan por aquellas leyes que tienen en consideración el abuso de derecho que pueden realizar algunas mujeres? ¿por qué no se ocupan del abuso de derecho en todas las leyes? ¿Acaso no somos todos personas?³

Desacreditados. ¿Se resolvió algo? No. La discusión quedó en nada. Y se puede seguir así de por vida y  también las generaciones futuras. De hecho, sería muy válido dado el estado de cosas chicanear a los #NADIEMENOS a partir de ahora con absolutamente cualquier cosa que defiendan o les guste: ¿por qué el cáncer y no todas las enfermedades?, ¿por qué The Walking dead y no todas las series?, ¿por qué sólo los animales y los vegetales no?, ¿acaso los vegetales no están vivos también?, hasta el infinito.

Si estas personas creen en la igualdad, ¿por qué les molesta que las mujeres luchen por sus derechos? ¿por qué si algunos matan es “crimen pasional” y si una mujer mata es una asesina hija de puta? ¿por qué les molesta el agravante femicidio pero no, el atenuante crimen pasional

Esto debe meditarse. Y hay que evitar caer en cualquiera de estos lugares comunes; hay que pensar antes de hablar. Porque hay que hablar, hay que visibilizar, hay que debatir, hay que hacer y hay que cambiar.

El reclamo es válido, es coherente y es justo.

No se trata de intentar desacreditar y quedarnos en la nada.


¹ El paralelismo con la Convención de Ginebra no es de mi autoría.

² Donde error de lenguaje es: 1) tengo la capacidad de decir cualquier cosa, 2) digo cualquier cosa 3) como tengo la capacidad de decir cualquier cosa, asumo que la validez de lo que digo, radica en que puedo decirlo.

³ Y estamos siendo compasivos suponiendo que se ocupan del abuso de derecho en todos los rubros, y que consideran personas a todos los seres humanos sólo para configurar una falacia de conclusión inatinente.

° Esta es la parte del texto en la cual, si leyeron con atención, empiezan a diferenciar una falacia de conclusión inatinente de un enunciado correctamente formulado.

Vandalismo: ese terror pequeñoburgués.

Desde “estas resentidas que desprestigian el movimiento”, “¿pero que piensan lograr sin usar la diplomacia?”, “¡así no van a lograr que las escuchen!”, “vayan a buscarse un trabajo” hasta “¡este feminismo no me representa!”, los ninguneos hacia las mujeres que se manifestaron como mejor les salió en el último Encuentro Nacional de Mujeres 2016 han sido para cortar, juntar y poner en un álbum de recortes. 

¿Puede criticárseles a esta “buena gente”, esta falta de originalidad? 

¿Puede criticárseles esta falta de humanidad?

Recorramos la historia del término “vandalismo” y saquen sus propias conclusiones.

¿Es el ayer un poquito igual que el hoy?


La palabra vandalismo en su definición enciclopédica se refiere a “acciones de devastar y destruir cualquier cosa con obtusa maldad, especialmente si es bonita o útil”. Fue acuñada por primera vez en 1794 por Henri-Baptiste Gregórie, un “moderado” de la Revolución Francesa. Este hombre que pese a pugnar por el pronto guillotinamiento de los reyes, aspiraba a un puesto de Obispo de la Iglesia Católica; empleó este término como forma de repudiar lo que consideró los peores ejemplos del extremismo popular: la destrucción de varias iglesias durante los disturbios llevados a cabo por los sectores más combativos de la clase trabajadora durante la Revolución.

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La alusión clara era a los vándalos, identidad étnica de lengua germano-báltica que fue una de las protagonistas de las “invasiones bárbaras” que acabaron con lo que quedaba del poder del Imperio Romano en el siglo V de la era común. El episodio aludido era el saqueo de la mismísima ciudad de Roma por los guerreros vándalos ocurrido en el año 455. Roma ya había perdido su mítica inviolabilidad 45 años antes, cuando fue saqueada por los visigodos. La destrucción sufrida en aquella ocasión fue tan impresionante que quedó en la memoria colectiva como proverbial.

O por lo menos, eso fue lo que pensó Henri-Baptiste…

La realidad es que antes de ese episodio, infinidad de ciudades y poblaciones mas pequeñas habían sido saqueadas, invadidas, destrozadas, masacradas, reducidas a la nada y sus habitantes sometidos a la esclavitud. En los 600 años previos a aquel acto de los vándalos, gran parte de esos saqueos y masacres fueron perpetrados por tropas de la misma Roma, ya sea conquistando, reconquistando, pacificando o reprimiendo alguna parte de su vasto imperio.

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Sin embargo, algo tenia de especial aquel saqueo —como el visigodo—, que el conservadurismo burgués relacionó con lo que sucedía en la Francia revolucionaria. Los que estaban ejerciendo la violencia y el poder, enseñoreándose en la capital del Mundo Antiguo eran los marginados, los habitantes de la periferia, la gente de los pueblos a los que Roma compraba como esclavos a sus mismos compatriotas. Y no intentaban conquistar, no intentaban apropiarse de ese poder. Intentaban expresamente destruirlo, quebrar su orgullo, deshacerlo como símbolo.

Por eso la destrucción “con obtusa maldad” de “cosas bonitas y útiles”.

Los de abajo estaban ejerciendo el poder, de forma brutal. Y había que dejar claro que eso era por si sólo algo diferente, mucho más grave y horripilante que el tratamiento brutal al que esos de abajo eran sometidos de manera diaria.

Por eso se acuña la palabra vandalismo.

El concepto es acuñado por un conservadurismo burgués naciente y consciente de que acababa de desplazar a la aristocracia terrateniente. Mientras que en los tiempos de la Revolución Francesa se habían necesitado medios para desestabilizar el poder, ahora que se lo poseía debían encontrar modos de apuntalarlo. Poner una barrera entre ellos, los nuevos poderosos respetables, y el pueblo que quería llevar la revolución hasta el final, hasta terminar con la opresión.

La vieja aristocracia apelaba a su superioridad de origen, que era su derecho por nacimiento, para tachar de pecaminoso a quienquiera que —ignorando el designio divino en ese origen— se atreviera a agredirlos. La nueva burguesía demócrata, en cuya base ideológica estaba la igualdad universal entre las personas —hombres blancos, propietarios— necesitaba un mito diferente para erigirse en intocable. Para construirlo, se usó como base los miedos de los numerosos miembros de la masa trabajadora y de la pequeña burguesía que, después de todo, eran pequeños propietarios o aspiraban a serlo. Se apeló a esa pulsión egoísta, básica, primaria de las personas a defender “lo suyo”, tan justificada por la ideología de la propiedad privada. De esa manera, se presenta el ataque a esa propiedad privada como un acto aberrante; algo digno de un sociópata, un bárbaro incivilizado o un individuo bestial, sin respeto alguno por ese naciente orden burgués.

Si alguien es capaz de destruir lo que te costó tanto trabajo, ¿qué les haría a ustedes si los tuviera enfrente?

Por supuesto que esto era meramente una construcción discursiva hacia afuera. El verdadero subtexto es exactamente el mismo que pasaba por las mentes de los antiguos aristócratas pre-burgueses: ¿cómo se atreven los dominados a atacar nuestras propiedades?

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Poco han cambiado las cosas desde entonces, siguiendo como seguimos bajo el mismo orden burgués. Aún hoy, la violencia de los dominados para hacerse oír es vista como algo mucho más horripilante que la violencia que ellos —o ellas— tienen que sufrir. No debería extrañarnos que les parezcan más importantes las paredes que las vidas humanas. Eso está claro cuando usan la palabra vandalismo, que es un síntoma inequívoco de como piensan y de como reaccionan, porque nunca se usó de otra manera.

Por supuesto que les importan más las paredes, los monumentos y la limpieza de las calles que las vidas de las mujeres…  como también valoran más que a ellas la “respetabilidad” de sus familias protegidas por el aborto clandestino, y el “honor” de sus “hombres de familia” protegidos por el encubrimiento a los abusos sexuales.

Porque las posesiones del burgués —o del pequeñoburgués que se piensa su igual— valen más que las vidas de otras personas, por la simple razón de ser suyas. Y debido a esto, la mujer vale más como posesión que como persona. Por eso debe cuidarse, como se cuida la propiedad privada. Y siguiendo la misma lógica, encuentran impertinente que —hoy— sean las mujeres, que “deberían estar calladas la boca y sufrir lo que les tocó”, las que se atrevan a poner en duda esa importancia y esas prioridades que los valores burgueses asignan tácitamente a cada quién.

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Así, esos ataques vandálicos demuestran que las mujeres ya no tienen miedo porque ya no les queda miedo que tener. Están dispuestas a pasar por encima de esos valores, que le dan más importancia a su categoría de cosa valiosa que a su condición de persona. Eso, en esas mentes retrógradas, es muchísimo peor que una mujer asesinada porque desafía algo mucho más importante: sus estructuras.

Del mismo modo que hace 1600 años el saqueo por parte de los bárbaros era un horror mucho mayor que las masacres que había cometido Roma, y lo mismo hace 200 con las destrucciones causadas en Francia por las masas revolucionarias. Por la sencilla razón de que el blanco de los ataques eran las estructuras de poder y aquello que las sostenía.

Cuando discutimos con argumentos como éstos, debemos tener en claro que es totalmente inútil tratar de conciliar o de llegar a un punto medio. Porque desde el principio están pensados  con la lógica de que el oprimido no tiene derecho a “faltarle el respeto” a las reglas diseñadas para oprimirlo. Cuando se  esgrimen estos planteos, aludiendo  a la preocupación por las formas de una protesta o por la agresividad de los militantes —sonando casi a cinismo  para quien se ve sensibilizado de verdad por una problemática como la misoginia—, lo que en realidad se está diciendo es que están preocupados porque el orden no se altere.

Quien toma esta posición, consciente o inadvertidamente, esta señalando que necesita quitarle legitimidad a la protesta —no importa lo desesperada de ésta—, si ese orden no se respeta, porque la protesta está poniendo en jaque reglas mucho más profundas. No entienden, o no quieren entender o aceptar, que es precisamente ahí donde la acción necesita apuntar. Desafiar la estructura que asegura la dominación, la misma que protegen a las propiedades del vandalismo.

La ley de los dominadores.

Son elementos que el poder y sus voceros necesitan dejar claro. Necesitan dejar en claro que sus paredes valen más que las vidas de las personas a las que oprimen. Aunque hoy en día la corrección política les obligue a decirlo de forma encubierta. Porque el vandalismo es ese significante que utiliza el privilegiado pequeñoburgués para expresar el terror a perder sus privilegios y la caída del sistema que lo sostiene.


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La crisis de “la buena gente”.

Fenómenos de la naturaleza, monstruos de Facebook, criaturas desdibujadas que acechan en la noche, que nos espían desde la TV, fuerzas de la naturaleza que amenazan a nuestros niños y niñas, a nuestras mujeres… ¿Existe la violación fortuita? Sí, por supuesto. ¿Existen los extraños que acosan, que abusan, que violan y que matan? Sí, por supuesto. 

Pero la existencia de estos personajes, no debe ser una excusa para cerrar los ojos ante otras realidades igual de dolorosas y más numerosas. No debe ser una excusa para no cuestionar la tradición, el tabú o las convenciones sociales.

Y de ninguna manera, puede ser la excusa para que puedas dormir bien a la noche. 


Ellos eran así. Sí. Los mejores padres, los más cuidadosos, los más preventivos, los orgullosos. Ellos, que tenían a los mejores hijos. La nena no usaba minifalda nunca, la nena no salía sola de noche. Él, era todo un hombrecito para su edad. Ellos, los padres, lo sabían bien. Había que cuidarse. Sí, cuidarse. Ese fenómeno de la naturaleza… “el violador”, “el pervertido”, “el pedófilo”, “el abusador” eran cosas, que como el clima, se evitaban bajo las leyes de la prevención. Y ellos lo sabían bien: eran los mejores en eso.

13256392_1163081617090724_573405867076878972_nEn su realidad, la “gente que se respeta”, no sufre acoso callejero. Eso, es cosa de esas minas fáciles que se la buscan: por lo que tiene puesto, por estar en un lugar equivocado en un horario equivocado…. pero que tienen algo en común, no se respetan, se lo buscan… porque en el fondo, les gusta. La gente que se respeta, no se deja manipular por un novio abusivo. La gente que se respeta… no se deja violar. Elije morir antes. Y si se dejase violar… bueno. Si se dejase violar, esperemos que luego esté cabizbaja y que no grite. El rincón con el cono de la vergüenza es necesario, una mina que se respeta elije morirse a dejarse violar. Así que, lo sabemos, en el fondo lo quería… aunque ahora se avergüence la muy putita. Y así, en ese mundo de “la gente que se respeta”, en ese mundo de “las buenas y malas víctimas”, en ese mundillo de “la gente bien”, la gente del “pero no todos los hombres” (ese lugar común en el que contarle a alguien tus malas experiencias genera la respuesta automática “pero no todos los hombres”… después de todo, lo que a vos te pasa es menor…. lo importante, es que “no todos los hombres son así”… Gracias, en serio, tu falta de empatía vuelve al mundo un lugar un poquito más seguro), en ese mundo, tan perfecto, tan contrastado, es muy fácil distinguir el bien del mal, la luz de la oscuridad, la buena gente de la mala gente.

Entonces, un muy buen día, viene la crisis.

¿La crisis? ¿Qué crisis?

Resultó que el primo Tito era un violador, o que el primo Juan era un pederasta, o que papá quería jugar con sus hijos de forma inapropiada, o el tío, o el abuelo, o el maestro, o la maestra, o el preceptor, o preceptora, o el novio, o el marido…. Porque recordemos, que estas personas, para respetar a las mujeres, tienen que decirse a sí mismas todo el tiempo, que las mujeres son la esposa de… la madre de… la hija de… la nieta de… la abuela de… no vaya a ser cosa que una mujer tenga valor por sólo ser ella misma, ¿no? La crisis viene, cuando descubren que el violador, pedófilo, pederasta, acosador, abusador, femicida… ¡¡¡también puede ser el esposo de… el padre de… el hijo de… el nieto de… el abuelo de…!!! El punto, sin querer señalar (demasiado) con el dedo a los habitantes de este Paraíso idílico de buena gente… es que un muy buen día, estos padres orgullosos, se encontraron con que a pesar de toda la prevención que dictaba el manual, el “fenómeno de la naturaleza”, estaba en su propia casa.

En tu propia casa. O en tu escuela. O en el club. O entre tu familia.

Porque estos “fenómenos de la naturaleza”, no son duendes, o demonios, o monstruos de facebook. Son personas. Personas que querés, personas que te caen bien, personas que son lo más, personas que vos o alguien, en algún lugar, quiere mucho. No son solo personas que ves a tres cuadras que son de temer, no es sólo la combi que acecha niños y niñas en la plaza. No son una fuerza de la naturaleza.

Son gente.

Colored (5)En este momento, es cuando la crisis, se transforma en algo así como “elige tu propia aventura”. Para muchos, dejar la zona de confort es difícil. A nadie le gusta que se le mueva la estantería. Ni por tener un monstruo en su propia casa, ni porque lo digan las noticias. Entonces, se empiezan a escuchar este tipo de cosas:

  1. Fue el facebook y las redes sociales.
  2. Al final, “esos” eran malos padres (después de todo, como dicen las escrituras del Antiguo Testamento, los pecados de los padres lo pagan los hijos… es increíble, ¿no? logramos el sufragio, pero seguimos adhiriendo a esta pelotudez).
  3. Es un problema de educación. ¿Es que nadie educa a esas chicas?
  4. Es culpa de ella, mirá, si se viste como una atorranta.
  5. Ahora se queja porque se arrepintió pero en el fondo, bien que le gustó.
  6. Ay, es una fantasiosa o fantasioso, todo eso pasó en su cabeza… tiene demasiada imaginación y quiere llamar la atención.
  7. Le tiene bronca e inventa cosas.
  8. No digas nada que vas a destruir la familia. Vos querés destruir la familia, ¿no?
  9. ¿Sabés vos lo que es violencia y sometimiento? ¡Los spoilers son violencia y sometimiento!
  10. Pero si era una groupie, ¡se lo buscó!
  11. Está completamente sacado de contexto… vos no entendés.
  12. Lo que pasa es que sos una feminazi, eso pasa.
  13. ¿Y la pared? ¿Y la pared qué?

Podría estar horas, enumerando las reacciones provocadas por morder el fruto prohibido de la verdad. ¿Algo les llamó la atención en esta lista? ¿No se omitió algo importante?

Se omitió al violador. Al abusador. Al acosador. Al femicida.

Es decir, se omitieron los culpables.

Estas criaturas de la naturaleza, que todos conocemos.

En el mundo de la “gente bien” (ese perfil de mirada tan burguesa que incluso, trasciende la clase social, porque tenemos “gente bien” en todos lados) es impensable cuestionar el lugar que ocupan en la sociedad los violadores, los acosadores, los abusadores y los femicidas. La moral y las buenas costumbres que abrazan desde hace siglos, naturaliza, legitima y protege el espacio de los violadores, los abusadores, los acosadores, los femicidas y los psicópatas (Esos mamarrachos con los que sale tu hija porque es una boluda; no vamos a culparlo a él, que es un tigre y que se aprovechó porque estaba servido, no, ni a palos. Aprovecharse es su derecho. La culpa es de la boluda de tu hija, o tu amiga, o esa extraña que no conocés pero que bardeás).

emilyfeminista[1]Pareciera que no importa que se blanqueen números y que se puedan ver los orígenes de los problemas y las realidades. Porque después de todo, en el mundo de la gente bien, lo que pasa afuera de esas fronteras, como adolescentes embarazadas (¡qué horror!), menores libidinosas y provocadoras… (no incluye a los menores que se acuestan con mayores, porque, ahí ellos son unos campeones) y toda una serie de figuras que dan pudor a la buena señora o a la adolescente o mujer “que se respeta”… no pueden ser puestas a un lado ante la verdad fáctica. Esa verdad simbólica, esa realidad cultural en la que viven sumergidos, hasta la crisis. Si las adolescentes se embarazan, es porque son unas putas y es un tema de ellas. De ninguna manera vamos a ver los números que muestran que un muy buen número (un gran número) de esos embarazos, incluyen a hombres adultos que embarazan menores. No. Vamos a cerrar los ojos a eso y acusarlas a ellas y a ese constructo llamado “realidad social”. Después de todo, esos buenos hombres tienen instintos y lo más importante: están en su derecho. Como está en su derecho el violador, el pedófilo, el pederasta, el femicida y el abusador.

Ya lo dijimos antes, son fuerzas de la naturaleza.

¿Por qué?

Porque es tabú.

Debajo de todas esas máscaras de filantropía, buena moral, buenas víctimas y buena gente, se esconde un principio básico, atávico e irracional: lo sagrado y el tabú.

A otras personas, cuando la realidad los confronta con este tipo de circunstancias, la situación se les vuelve un duro de rito de pasaje. Un llamado a despertar. Un rito de pasaje macabro hacia la realidad. Donde lo sagrado deja de ser sagrado. Personas que junto a las víctimas y sobrevivientes deciden volverse personas tabuadas.

Los que cuestionan.

Los que dejaron de mentirse a sí mismos.

Los que ya no “toleran”.

Los que están más allá de la diplomacia.

Cambio que no sucede en todos los casos, sino en una minoría valiente dispuesta a proteger a la/él sobreviviente y no revictimizar. Una minoría que decide salir a luchar junto a las sobrevivientes (gracias por hacerlo). Una minoría que no acusa con el dedo, una minoría que no se tapa los ojos. Una minoría que no juzga a la víctima y que no la denigra o revictimiza.

En tiempos de crisis, todos mostramos nuestra verdadera cara: luchador, luchadora, victimario, victimaria, revictimario o revictimaria. Y aunque ustedes no peleen, aunque a ustedes no les interese porque “no les pasa” o porque simplemente están “más allá”, existe un montón de gente, por afuera de sus hipócritas fronteras morales, que está dispuesta a atacar el problema y señalar a los verdaderos culpables. Dispuesta a cuestionar los privilegios y los derechos. Hasta el fin y sin callar más. Un grupo de gente, que por suerte es cada vez más grande. Porque ser “buena gente” es tener empatía, es acusar al culpable y abogar por la igualdad. Por suerte, ese grupo de personas (a pesar de ustedes)  está haciendo los balances. Y está dispuesta a obligar al estado  y a la sociedad, a que rinda cuentas como corresponde.

Más allá de ustedes y por ustedes, también.

Por todos nosotros.


#NiUnaMenos #vivasnosqueremos #yanonoscallamosmas

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