La nueva ofensiva anti-abortista.

En este artículo especial en dos partes, Ana Karsis nos obsequia un pormenorizado análisis de la estrategia anti-abortista y por qué ésta coquetea con el comportamiento criminal tratando a la integridad física femenina como “cosa publica”. 

La segunda parte de este artículo,  realizado por Úrsula de la Marca, se ocupa de los Mitos y Leyendas pro-feto, la mujer como sujeto de derecho, su capacidad de hecho y de derecho, y las circunstancias históricas que llevaron a su muerte civil y la posterior recuperación de sus derechos civiles.


El proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del embarazo ha llegado al Congreso a fines de Junio por sexta vez. Diez años pasaron desde que se lanzó la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y unos 30 desde que el tema comenzó a discutirse en Argentina, razón por la cual se lo ha denominado una “deuda de la democracia”. En aquel entonces, sólo los países comunistas, las social-democracias y otras naciones socialmente avanzadas de Europa contaban con el reconocimiento de este derecho. En estas tres décadas este reconocimiento se ha extendido a casi la totalidad del mundo desarrollado, salvo por unos pocos países donde el aborto se encuentra desjudicializado. Esto quiere decir que el procedimiento no está penado y que la práctica solo requiere la aprobación del médico.

aborto-legalPese al tiempo que lleva el debate en Argentina, la situación no avanzó del mismo modo que en ese mundo moderno al que tantas facciones políticas aspiran —o dicen aspirar— a pertenecer. La aprobación de una ley que permita la interrupción voluntaria del embarazo se ha detenido varias veces, en muy diversas instancias. A la par de esto, la opinión pública con respecto al tema permanece dividida, pero también neutralizada en parte por el bombardeo constante y sistemático de argumentos, sobre todo desde sectores fuertemente reaccionarios que están en contra del reconocimiento de este derecho. Las voces a favor, por el contrario, han ido creciendo en alcance y solidez, pero todavía no han podido escapar de la situación de polémica con sus oponentes.

1320935287058-abortoEstos sectores reaccionarios tienen en su agenda política el perpetuar ciertos valores sociales tradicionales —y con lineas de razonamiento bastante irracionales— de un esquema en el que son clave construcciones ideológicas como las de “madre” o “familia”. Así, hacen de la discusión sobre el derecho al aborto una materia en la que puede opinar toda la sociedad. Eligen llevarla a un campo de res publica —cosa pública, esfera pública, cuando en realidad se trata de un derecho personalísimo: el derecho a la integridad y la autordeterminación física; tan elemental como el derecho a la vida y del mismo grado que éste. Los sujetos de derecho biológicamente masculinos tenemos este derecho completamente garantizado, al menos en lo que a los estados modernos respecta. Mientras que en los sujetos de derecho portadores de útero está condicionado: una de sus funciones corporales —la capacidad reproductiva—, hace que su derecho a la integridad física —o parte de él— dependan de la opinión pública.

Entonces, la existencia de la polémica, en tiempos en que ese derecho a la integridad física ha sido ya definido y reconocido a nivel internacional, es de por sí el principal problema.

El único problema.

Debido a esto, los sectores que aspiran a que la capacidad reproductiva femenina continúe siendo un espacio válido de la opinión pública —en lugar de recuperar su lugar en la órbita privada—, mantienen su posición intacta incluso aunque pierdan el debate. Justamente porque sigue siendo la opinión social la que decide, y no los sujetos de derecho a los que los cuerpos pertenecen. Incluso si se legalizara el aborto de manera condicionada, al mantenerse ese espacio de opinión, el derecho a la integridad física quedaría en entredicho para la mitad de la población: aquella que porta útero.

crrkuw8w0aaqvmbAsí, Argentina ha quedado en el grupo de países periféricos, católicos, la mayoría latinoamericanos, donde la discusión del aborto tiene lugar, donde incluso está despenalizado para ciertas circunstancias, pero donde no es reconocido como parte integral de un derecho elemental. Las razones de esto son prácticamente análogas en todas estas naciones. El poder político de la Iglesia Católica es un factor muy fuerte en todos los casos, y sin duda es uno de los pilares principales de ese sistema de valores, pero puede ser un error pensar que esta situación se limita a argumentos religiosos. Éstos son, en todo caso, uno de los elementos que apuntalan y legitiman este sistema. Porque el corazón de ellos es un elemento más básico: la misoginia.

La misoginia es una forma de odio colectivo que tiene por blanco al género femenino. Cuando hablamos de odio al género femenino, o misoginia, no hablamos necesariamente de una animosidad físicamente destructiva (aunque sabemos que la misoginia también se manifiesta de estas formas). Nos referimos a tomar por aceptable la idea, basada en premisas naturalizadas, de que un grupo humano determinado —un género en este caso, la mitad de nosotros— es inferior, dado que no es merecedor de que sus derechos individuales —o algunos de ellos— les sean reconocidos de forma cabal, sino que es lícito que estén condicionados por ciertas características. En este caso son características biológicas innatas, algo no muy diferente de lo que sufrían los africanos subsaharianos en las sociedades en las que habían sido vendidos como esclavos.

Por esto es que se habla de ideologías de odio tanto al referirse a la misoginia como al racismo.

En el caso de la mujer, la excusa biologicista para vulnerar algunos de sus derechos fundamentales es la naturalización de sus funciones reproductivas y su rol como “madre”. Porque en su cuerpo se gestan los futuros individuos de la sociedad. Esos futuros ciudadanos “potenciales”. Por medio de este atropello  —el jerarquizar el rol de útero y madre por sobre el de persona o sujeto de derecho—, el cuerpo de la mujer se transforma de manera arbitraria en un espacio válido de ser vigilado por la sociedad.

mujerxxEn los últimos tiempos se leen muchos ataques a la reivindicación del derecho al aborto, quizá como reacción a  la fuerza con la que crecen los argumentos a favor. Muchos de estos ataques abandonan la retórica clásica que apela a la “piedad por el niño por nacer”. Y en lugar de ella  asumen posiciones de violencia, franqueza y arbitrariedad más abiertas. Reacciones de este tipo se vienen viendo en niveles y ámbitos muy diversos. Por un lado tenemos declaraciones como las de Aurelio García a principios de año, que hablan de  de “hackear el código civil” —algo que ya lograron— para instalar como base legal ese debatible principio escolástico de la “concepción”, parte integral del razonamiento naturalizador de la reproducción humana y en especial del papel de la biología femenina en ella.

Por otro lado tenemos declaraciones más apelativas, menos razonadas, que tratan de cargar a la posición proaborto de un sentido peyorativo de “ideología”. Discurso común usado en el pasado para atacar a la Izquierda. Ejemplo de estos recursos son las inatinentes declaraciones de  principios de año de Luciano Bugallo, asesor de Liliana Carrió; o notas como esta: Feministas presentan el proyecto de legalización del aborto, exabruptos reaccionarios y  vagos que dejan al descubierto su carácter misógino.

Hay muchas formas de analizar esta ofensiva renovada, y  es cierto que hasta puede decirse que su animosidad deja al descubierto debilidades en la integridad de sus argumentos. Pero no debe perderse de vista que aún con estas campañas de discurso arbitrario, atropellado e irracional, los planteos anti-aborto logran su cometido.

Ese cometido no es ganar la discusión, sino mantener instalada la polémica y llevarla hacia  puntos que son irrelevantes. Puntos como los “derechos del feto/niño por nacer”, la “familia natural”, la “maternidad natural” —esgrimido por muchas mujeres profeto—, y toda una plétora de elementos que ocultan la realidad objetiva: que un derecho básico no les es reconocido de manera íntegra a la mitad de la población.

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Situar allí la discusión es ilegítimo desde el comienzo, porque se está poniendo en entredicho un derecho personalísimo. Así, a efectos operativos, el avance en la legislación logra siempre retrasarse, aún cuando la opinión pública y calificada se acerque cada vez más a una mayoría  a favor de la libertad de elección.

Los elementos de estos sectores reaccionarios que tienen peso en el poder legislativo recurren de manera sistemática a mecanismos burocráticos a nivel institucional para lograr estos retrasos —del tipo que ya se vieron en presentaciones anteriores de la ley—, evidenciando que si bien siguen convencidos de que tienen razón, no confían en poder imponerlo en una discusión diáfana. Esto puede ser lo más cerca que va a estar un fanático de reconocerse equivocado.

Pero igual, cumple su cometido.

e995319095ae77ea5d6d0d1c7f8e1f28Hay muchos modos de dar dimensión real a la definición de que la integridad física es un derecho que no puede cuestionarse sin caer en una actitud criminal. Los métodos anticonceptivos fallan, y la provisión de muchos de ellos también es vigilada por los sectores reaccionarios y misóginos.  La mayoría de los abortos tienen lugar en sectores con bajos niveles de acceso a la educación sexual. Dar en adopción no es una opción realista, ya que las trabas burocráticas pueden retrasar años el proceso, sobre todo si la persona que entrega a su hijo está en emergencia económica. Las violaciones o riesgos de salud son a veces la realidad de la abortante, pero no siempre es el caso. La gente a veces queda embarazada y no tiene posibilidades de seguir su vida normalmente con un hijo. Nueve meses de embarazo pueden truncar para siempre una carrera basada en el rendimiento físico. O limitar seriamente una carrera laboral o de estudios. O poner una carga económica que no puede llevarse adelante sin bajar la calidad de vida. O es demasiado joven para la responsabilidad de ser madre. O demasiado mayor. O está demasiado ocupada. O tuvo sexo casual y no tienen deseos de formar un vínculo parental con la persona que tuvo la mala suerte de embarazarla.

O simplemente no quiere ser madre.

Todos estos, aunque son ejemplos visibles, son el efecto externo de un denominador común: el derecho a la autodeterminación sobre el propio cuerpo y la propia vida. Por eso no pueden ser discutidos por separado. Todos ellos, y otros, son igualmente válidos. Porque lo que en realidad es válido es el derecho personalísimo que garantiza estas decisiones. Negar ese derecho, en cualquier nivel, por más que no le guste a alguien el criterio con el que se utiliza, es un crimen. Considerarse habilitado para opinar sobre si este derecho debe aplicarse o no, también es un crimen.

La omisión del Estado también es un crimen.

Crímenes sociales contra las mujeres, porque aunque los hombres seamos condenados socialmente de la misma manera en algunas de estas circunstancias, son las mujeres las que sufren esta arbitrariedad en su propio cuerpo. Por eso es un crimen misógino.

Misoginia institucionalizada.

imagesCuando se habla de aborto, debe entenderse que se habla de una parte del derecho a la integridad y a la autodeterminación física. Es un derecho personalísimo, de primer nivel, del mismo grado, no inferior que el derecho a la vida o el derecho a la libertad. Son absolutos e inalienables, es decir, no pueden ser transferidos con ningún mecanismo, ni puestos en discusión. Estando al mismo nivel, no es lícito vulnerar uno de ellos para defender el otro. Forzar a alguien a parir a otra persona es vulnerar un derecho para, en el mejor de los casos, defender otro. Sería el equivalente a obligar a alguien a donar órganos o partes del cuerpo no vitales (como sangre o médula). Cuestionar moralmente a la persona que no elije donar sus órganos puede ser válido desde un punto de vista subjetivo, pero pasar por encima de su derecho personalísimo a la integridad física y a decidir qué hacer con su cuerpo y su destino no lo es, bajo ningún punto de vista.

Por todo esto, este derecho es independiente, en términos objetivos, de los supuestos y discutidos derechos que pueda tener el embrión. La realidad objetiva es que prohibir el aborto es una vulneración sin importar si esta prohibición existe para proteger los derechos de otra persona o no. Se disfrace con la retórica que se disfrace, se están vulnerando los derechos de una persona.

Y defender los derechos de una persona quitándoselos a otra no es válido.

Ni siquiera por el derecho a la vida.

Si abortar es un crimen o no, pasa por la moral individual y subjetiva de cada persona. Que la sociedad se arrobe derechos sobre el cuerpo de las mujeres es objetivamente un crimen ético. La existencia de métodos de prevención del embarazo, o apelar a la supuesta “condición de persona” del embrión, no atenúan el crimen socialmente avalado que se está cometiendo con la prohibición  del aborto.

el-feto-es-persona-eligelavidaY justamente, muchos de los argumentos que hoy día se debaten tienen la peculiaridad de centrarse en el derecho a la vida del embrión humano al que se está abortando. Las discusiones instaladas tratan sobre cuándo comienza la vida, sobre si hay derecho o no a interrumpir el desarrollo de esa vida, sobre a partir de cuándo se desarrolla su Sistema Nervioso Central, cuando empieza a sentir dolor o a tener subjetividad propia. Esta discusión es válida a nivel técnico y clínico para darle a la gestante (si ella lo desea) información útil para tomar la decisión de interrumpir su embarazo. Pero se utiliza en la práctica para vulnerar sus derechos. Y se seguirían vulnerando si la gestante estuviera por ejemplo, obligada a escuchar estas argumentaciones estando en una situación emocionalmente vulnerable de llevar un embarazo no deseado. Ese simple gesto podría tranquilamente calificar como tortura en una corte internacional, si se aplicaran los criterios que se aplican para, por ejemplo, los crímenes de guerra.

La realidad de la discusión clínica y legal está muy lejos de llegar a una conclusión acerca de si un embrión es una persona, algo que ni siquiera es probable. Por ende, lo que proponen los anti-abortistas es vulnerar los derechos básicos de una persona para poder debatir sobre si algo cuya naturaleza de persona está en severa discusión, tiene o no derecho a vivir.

La soberanía sobre el propio cuerpo no es asunto de debate público. No tenemos derecho a debatir sobre qué hace una persona con su cuerpo. No podemos obligarla a donarle su vientre 9 meses a un feto del que no quiere ser madre, y menos sugerir que debería donarle directamente su maternidad.

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Los derechos personalísimos de los sujetos están por encima de su condición biológica, algo que todos aceptamos, excepto para las mujeres, en algunas partes atrasadas del planeta. En esos casos, su condición de persona parece secundaria a su condición de órgano reproductor social. Es aquí donde queda en evidencia la naturaleza de odio social contra la mujer oculta tras este debate público.

No es la razón la impulsora del debate, es la misoginia.

“Odio” en el sentido de anular a alguien como persona por definición, como hace el racismo con determinadas etnias. Porque incluso si se ejerce un castigo sobre un criminal, sus derechos están presentes y son vulnerados sólo porque el crimen contra la sociedad se considera razón válida para suprimirlos, aún en los casos donde se aplican penas capitales. En el caso de prohibir el aborto, por el contrario, el castigo se impone por algo que la persona es.

Se intenta hacerla esclava de su propia biología.

Esa es la definición misma de odio, y esta prohibición evidencia el odio que esta sociedad opera sobre la mitad de su población.

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Para finalizar, es importante señalar que los derechos personalísimos no son “algo” que el estado o la sociedad conceden, no procede de la fuerza de la ley ni del consenso. Los derechos personalísimos pertenecen a todas las personas en tanto personas. Lo que se le pide al estado es que los reconozca. Una autoridad que no reconoce y apoya con su legislación un derecho personalísimo, lo está vulnerando. Los aparatos reproductivos de la gente no son un bien social sobre el que podamos opinar. No son una res publica.

Es hora de que la sociedad madure y que busque defender el bien común en otro tipo de discusiones más dignas y humanas, como por ejemplo, salir a marchar por la cantidad de mujeres muertas por abortos clandestinos y su vulnerado derecho a la salud integral.


 Seguí leyendo: Repetí conmigo: “No, no vas a perder a tus seres queridos nonatos, solo vas a ganar derechos”.

3 comentarios en “La nueva ofensiva anti-abortista.”

  1. Hola Ana!

    Te invito a leer el artículo como si trataras de convencer a alguien que piensa distinto que vos.

    No es novedad que se limiten los derechos de unos para proteger, si existen, los derechos de otros. Entonces siguiendo el mismo planteo del artículo ¿Quiero legalizar el racismo porque prohibirlo viola mi derecho de expresión? En realidad, la violación de derechos permea a toda la sociedad. Entonces no es tan fácil.

    Otro punto clave es este: ¿que es un derecho personalísimo? ¿quien lo define? Si mañana hay un referéndum y el 50,1% vota que abortar es un crimen ¿te parecerá bien y te vas a quedar tranqui tomando mate? No creo. Y por ahí pasa la cuestión más profunda: de dónde vienen los derechos.

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    1. Invitación bastante inatinente y cargada de presunciones… 😉

      Con respecto a tu segundo planteo, cuando decís “siguiendo el mismo planteo del artículo”… No hay relación causal entre lo que emitís después y el “siguiendo el mismo planteo del artículo”…. Lo cual me hace pensar que la dificultad, es o que no te expresaste bien o que no comprendiste el artículo, lo cual me lleva a tu primer planteo, y puedo invitarte a releer la nota de Ana Karsis, y por ahí la comprensión se haga más sencilla.

      Con respecto a tu planteo final, entiendo que sí es un punto clave. Porque intentar emitir una opinión formada sobre algo sin las lecturas correspondientes, vuelve la conversación difícil. Para los derechos personalísimos, podés acceder a toda una serie de rica doctrina jurídica del siglo XIX, que abarque y desarrolle las declaraciones de derechos de West Virginia y las declaraciones de derechos de la revolución Francesa. Podés leer el Federalista, también… También luego podés acceder a material sobre declaraciones de derechos humanos a partir de 1948 y podés acceder al Pacto de San José de Costa Rica. Si todo esto es demasiado trabajo para resolver las claves que te aquejan, podés lisa y llanamente googlear.

      Y con respecto a ¿de dónde vienen los derechos? Más que una pregunta profunda o metafísica, podés acceder a bibliografía sobre el Código de Hamurabi, El corpus de Justiniano, Las XII Tablas…. o para una mirada más científica, Teoría Pura del Derecho de Hans Kelsen es un libro altamente recomendable. Incluso, si conocés el viejo código civil Argentino, escrito por Velez, ahí hay un montón de notas que te van a llevar a fuentes jurídicas que respondan a tus inquietudes.

      Abrazo, y gracias por la participación!

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