Harry Potter y los misterios de la interseccionalidad, los privilegios y la opresión.

Este breve ensayo fue subido por Anna Karsis en su Facebook en razón de la cantidad de estupideces que tuvo que escuchar en relación al #Tetazo.

Debido a su increíble actualidad y brevedad didáctica, optamos por compartirlo en AGUAFUERTES DE SANGRE con algunas correcciones (J.K. Rowling no estuvo involucrada para nada en el desarrollo de este ensayo y debe leerse como un fan-fiction de la saga). 

¡Acompaña al joven mago en esta trágica aventura!


—¡Que privilegiado si soy un laburante! —gritaba un macho el martes, mientras era echado del perímetro del #Tetazo.

***

Uno de los grandes problemas conceptuales que podemos encontrar por afuera de las fronteras del feminismo es que mucha gente confunde el hecho de que se les señalen sus privilegios con que se los acuse de privilegiados.

Y la realidad es que no es lo mismo.

En la sociedad hay diferentes tipos de privilegios que se cruzan. Los de género y los de clase social son probablemente los más importantes por la cantidad de gente a la que afectan. Pero no son los únicos: tenemos privilegios étnicos, culturales, de identidades de género, educativos. Y también privilegios que benefician a las formas “respetables” de vivir.

Cada privilegio representa la contra-cara de un tipo de opresión, porque carecer de ese privilegio implica estar en desigualdad negativa. Llamamos Interseccionalidad a tener en cuenta esos diferentes niveles de opresión y cómo se acoplan e interactúan entre sí. Especialmente en el contexto del desarrollo de estrategias de emancipación. En conjunto, todos los privilegios configuran el complejo sistema de opresión que opera en nuestras sociedades desiguales.

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Sólo se puede afirmar que una persona es privilegiada, cuando sus privilegios son tantos que la sitúan por encima de cualquier tipo de opresión, o que debido a la cantidad de privilegios que tiene, esta opresión se vuelve irrelevante. Privilegiados auténticos hay muy pocos. En general, hombres racialmente aceptables —”blancos”—, de clases altas, cis-hetero —esto quiere decir que percibe su género de acuerdo con su genitalidad natalicia y vive su sexualidad de acuerdo a la (hetero)norma socialmente aceptada— y “respetables”. Muy pocas mujeres —todas de clases altas—, pueden contarse entre estas personas privilegiadas y aún así estas mujeres siempre estarán en desventaja frente a los hombres de su mismo status. En la práctica existen muchísimas personas poseedoras de privilegios que son oprimidas. En términos generales, es real que ningún trabajador o trabajadora es privilegiado. El problema es que los privilegios actúan de forma autónoma unos de otros. El privilegio del género masculino por ejemplo, existe en gran medida con autonomía de los privilegios de clase. Hay circunstancias donde pertenecer a una clase social más alta no pone a una mujer a salvo del privilegio masculino que los hombres ejercen.

Por esto, que alguien sea parte de la enorme masa de oprimidos de la sociedad, 90% o 98% de todos nosotros —depende la fuente—, no implica que no posea privilegios que operen a su vez en la opresión de otras personas.

Esto no es casual. La sociedad reparte estos privilegios para sostener el sistema opresor. El objetivo funcional es que sus poseedores se sientan menos oprimidos gracias a tener gente que se sitúa por debajo de ellos con respecto a ciertas cosas. Porque el privilegio es en parte pasivo, pero en una gran parte es ejercido. Y todo ejercicio de un privilegio, siempre, oprime a alguien. El sistema opresor no funcionaría sin esas auténticas limosnas de privilegios concedidos a tantos oprimidos. El conformismo social que hace viable la opresión se desvanecería. Los privilegios existen en buena medida justamente para eso.

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Un privilegio, entonces, le permite a su poseedor desahogarse a su gusto a costa de quienes no lo poseen. De modo quizá menos directo y general, quizá, hace también que el placer de tener gente por debajo suyo haga que quien detenta el privilegio sea favorable al sistema de opresión, aún cuando él también sea en realidad parte de los oprimidos.

Y cuando un privilegio es poseído por una porción enorme de los principales sectores oprimidos, naturalizado y perpetuado —como es el privilegio de género—, en lugar de cuestionar la opresión a la que esos sectores están sometidos, ese desahogo suele funcionar de forma masiva como reacción. Un ejemplo de esto es la rabia contra las minorías étnicas de parte de muchos sectores pobres. Y en el caso de la opresión de las mujeres se trata de un mecanismo casi universal.

Por supuesto, el sistema combina esto con la coerción. Oprimir a los de abajo es más cómodo, porque combatir la opresión hacia arriba está penalizado por una serie de mecanismos que suelen incluir la violencia física. Pero esto es otra historia.

Así, el macho a menudo prefiere ejercer su privilegio oprimiendo a quienes la sociedad sitúa por debajo de él —básicamente toda otra realidad o expresión de sexualidad que no sean la suya—, en lugar de cuestionar al sistema y a aquellos más privilegiados que él, que son quienes efectivamente lo oprimen. Si el macho no tuviera esos privilegios sobre las mujeres, seria consciente mucho más rápido de la situación de opresión a la que el sistema lo somete.

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Toda persona que ejerce privilegios tiende a aterrorizarse cuando uno de estos privilegios es cuestionado. Se aterroriza porque a veces es el único privilegio que posee y puede ejercer en una vida de completa opresión. En su alienación, ese sujeto percibe ese cuestionamiento a su privilegio como un ataque a él mismo y no como un ataque hacia el sistema opresor.

Quizá el ejemplo más extremo de esto son los hombres cis-hetero de clase media, con el dinero y la educación como para tener amplias ventajas en la sociedad. Tienen tantos privilegios que realmente viven en la ilusión de que son privilegiados, y aunque la gran mayoría de ellos vive siendo desangrado por la explotación del sistema —para cuyo sostenimiento su trabajo suele ser instrumental—, prefieren hacer uso de sus múltiples privilegios para sentirse superiores y pisotear a todos aquellos que la sociedad puso por debajo suyo. Una lástima, porque justamente ellos están en una posición inmejorable para cuestionar a quienes realmente oprimen.

Incluso a veces, estas personas con privilegios perciben los intentos emancipatorios de aquellos —o aquellas— que están por debajo suyo —en la estructura de opresión—, como un intento de dar vuelta la situación para oprimirlos a ellos. Escenario que los dejaría incluso más abajo en la escala de los oprimidos. Por esto, cuando un privilegio se cuestiona, quienes lo poseen lo sienten como una opresión. Como un intento de los no-privilegiados de quitarles un “derecho”.

Ese derecho mezquino a oprimir a quienes están debajo.

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Cuando en realidad lo que está sucediendo es que al tambalear ese privilegio, la opresión real, la que sufren de parte de los de arriba, queda más en evidencia. En lugar de cuestionar la explotación e indignidad a la que las clases auténticamente privilegiadas los están sometiendo, esos pequeños portadores de privilegios —como pequeños accionistas que se creen burgueses— reaccionan como si fuese un ataque contra ellos, o contra su patrimonio. Muchas veces sin entender, y otras sin que les importe, cuánto realmente le cuesta a los oprimidos que ellos tengan esas ventajas, y cuán desesperado es para éstos que esa opresión se reduzca porque se les va la vida en ello.

Es por esto que como poseedores de privilegios parciales, frente a los reclamos del feminismo los hombres deberían entender que cuestionar esos privilegios no es ceder lugares. Es tomar consciencia de quienes son de verdad los que los están oprimiendo. Es necesario tirar a la basura las migajas que les da la sociedad para valorizarse y dejar de hacer su parte en sostener el sistema de opresión.

Ese sistema de opresión en el cual estamos todos sometidos y que para mantenerlos tranquilos los ha convencido de que necesitan esos privilegios —que cargan sobre otras personas una opresión multiplicada que les cuestan sangre—, cuando lo que en realidad necesitan es liberarse de ese sistema.

No somos víctimas, somos sobrevivientes.

¿Y qué va a pasar después? ¿Cuándo el temor se apodere de vuestras entrañas? ¿Eh? ¿Cómo van a hacer después? ¿A quiénes les van a llorar?

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Porque hoy nos matan y nos violan. Hoy, por un fueguito delante de la Catedral y por sacar a un “niño carancho” de una manifestación te hacen una razzia policial. Por una performance  delante de la Catedral de Tucumán —la tierra en la que Belén estuvo presa por haber tenido un aborto espontáneo— te hacen una caza de brujas. Una performance que tenía una contextualización que no era al azar, ya que estamos hablando de la provincia en la cual no aprobaron el Protocolo de Aborto no Punible y donde si querés ejercer tu derecho, te persiguen organizaciones no gubernamentales ligadas directamente con la Iglesia Católica. La misma tierra en la cual si querés respetar los derechos de una mujer, siendo médico o médica y llegás a realizar un aborto no punible te denuncian y te hacen un juicio.

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Una performance que fue un acto de protesta, transformado en violencia simbólica por el INADI Tucumano,  y por una campaña de change.org de casi 50.000 personas. El INADI tucumano interpreta los artículos de las convenciones internacionales tan mal, como esas personas provida que para defender los derechos del niño por nacer aluden al Pacto de San José de Costa Rica, la Convención de Derechos del Niño y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, aunque no los hayan respaldado nunca. Y como siempre, la libertad de expresión de los neonazis, racistas, misóginos, machistas y homolesbotransfóbicos se eleva por encima de los pedidos de justicia. Gracias Tucumán, otra vez. Por supuesto, no solo los tucumanos fueron responsables de los acosos, las persecuciones y repudios inquisitoriales, fue un trabajo colectivo de una Argentina unida en el odio y la misoginia. Aunque la marcha del 8M haya convocado a 300.000 mujeres y estos hayan sido 50.000 gatos locos. ¿Me pregunto que hacen esas 50.000 personas cuando escuchan que el Papa Francisco perdona pedófilos, violadores, pederastas, abusadores y genocidas? Los valores muy bien ubicados: porque la misericordia siempre es para el opresor, nunca para el oprimido. Lo cual nos devuelve a la performance del aborto de Cristo de manera ineludible.

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¿Son conscientes las instituciones que si estos sectores más reaccionarios hubieran sabido que iban a recibir este tipo de poder disciplinador en vez de escuchar sus reclamos como cualquier Estado de Derecho que se preste y una ciudadanía responsable, probablemente hubieran prendido fuego todo? Porque es lo que cualquier persona razonable pensaría cuando no te dejan ningún margen. Esto responde a que siguen subestimando a las mujeres, su capacidad como sujetos de derecho y a la complicidad con la violencia machista, porque no hay otra explicación sobre la falta de voluntad. Y es curioso, no importa cuanto intenten aplicar el poder punitivo, los cambios se siguen exigiendo igual. ¿Cuál fue la última estrategia del Ministerio de Seguridad? Utilizar a Ignacio Montagut para que organizara el famoso y fracasado “Chotazo” y luego utilizarlo como “niño carancho” para poder realizar una razzia policial. ¿Este es el compromiso de este gobierno en erradicar la violencia contra la mujer?

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Las personas que se siguen quejando por las paredes y por sus patrimonios históricos, esos famosos hijos de “la violencia genera más violencia” fallan en entender cual es el origen de la violencia. Y estas medidas, las están tomando por ustedes, por ustedes que eligen hacer causa activa por sus paredes y no por las mujeres asesinadas, por las mujeres “desaparecidas y que aparecen”, por los niños y niñas abusados en el seno intrafamiliar o por miembros de la ICAR. Son ustedes y nada más que ustedes, los responsables. Ustedes son esa opinión pública en la que proyectan cuando hablan sobre la legitimidad de los derechos de las mujeres. Ustedes, los hijos del “por favor”. ¿Por favor trátennos como personas? ¿Los niños por nacer les piden por favor porque no hablan y por eso valen más que la vida de una mujer? ¿Se condolecen más porque les gusta “porque están como ausentes¹”?

Lo que yo les vuelvo a preguntar es lo siguiente. Ya nos matan, nos violan, nos abusan, nos acosan, nos hacen razzias y cazas de brujas. ¿Qué les hace pensar que el poder disciplinador que intentan imponer está funcionando?

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Cuando estén llorando por vuestras paredes manchadas de sangre y arrodillados sobre las cenizas de vuestras Iglesias moqueando por la caída de vuestras instituciones, patrimonios culturales y credos obsoletos, recuerden lo siguiente: Nosotras no somos víctimas. Somos sobrevivientes.


¹ Sí, Pablo Neruda, te re cabió.

Los feminismos y las falacias del hombre de paja para principiantes.

Preliminar

Escribí esta nota el 12 de octubre de 2015, en respuesta a la cantidad de animaladas y falta de empatía que tuve la oportunidad de leer en razón de los disturbios sucedidos en la Catedral de Mar del Plata por el Encuentro Nacional de Mujeres (comentarios que también se repitieron con el encuentro en Rosario). Con esta nota sucedieron muchas cosas. Por empezar, el primer párrafo tiende a confundir al lector o lectora ya que están enumeradas algunas de las falacias de conclusión inatinente. Las reacciones fueron tres: algunas personas vinieron a putearme, pensando que estaba bardeando a los feminismos… por esa maldita costumbre de no leer y sacar conclusiones apresuradas e inatinentes; el segundo grupo, pensando que estaba bardeando a los feminismos, le puso “me gusta” y me felicitó (?); el tercer grupo, leyeron efectivamente la nota y entendieron punto por punto de que iba.

Volví a publicar la nota el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de este año y hoy la publico de nuevo para AGUAFUERTES DE SANGRE, corregida (ya que la versión anterior tenía algunos errores involuntarios) y con la promesa de que tendrá una segunda, tercera y cuarta parte. Ya que los masculinistas siempre encuentran cosas para adjudicarle gratuitamente al feminismo y desinformar.

Por otro lado, se hace necesaria una segunda, tercera y cuarta parte, debido a que hay muchas confusiones con respecto a cuando se configura una falacia y cuando no. Esto se abordará en publicaciones futuras.


sargent-atlas-and-the-hesperides_2¿Por qué si el feminismo aboga por la igualdad no lucha por la violencia en general? ¿Por qué no se ocupan entonces por el hambre de los niños en Kenia? ¿Por qué si es un movimiento humanista hace discriminación positiva? ¿Por qué no se ocupan de los hombres que sufren violencia, también? ¿Acaso la violencia hacia el hombre, no es violencia? ¿Cómo esperan que las tomemos en serio?

Algo que no deja de llamar la atención es el fenómeno de que si sos feminista y solo en el caso de feminista (como si fuera un movimiento hercúleo moderno), este debe ocuparse de todos los problemas del mundo. No se le exige eso ni a los partidos políticos locales. Entonces, la pregunta es: ¿por qué sí al feminismo? Otra cosa que no deja de sorprender es la presunción de que si el feminismo lucha por determinados intereses, esos intereses necesariamente están en contra de casi todas las preguntas enumeradas en el primer párrafo (ya que la última pregunta es saco de otro costal).

Estas argumentaciones son conocidas como la falacia del hombre de paja. En lo práctico se configura cuando al discutir con un rival, se incluye en el discurso propio argumentos que no tienen nada que ver con la premisa inicial, incorporándolas a los argumentos del oponente. De esta manera, el contrincante tiene dos opciones: o ignorar los argumentos que se le adjudicaron o dedicarse a explicar que no quiso decir eso. De esta manera el contrincante sale de su eje, queda desacreditado y la discusión se pierde en la nada. Un ejemplo claro de esto es cuando una mamá le dice a a su hijo o hija: “Comé toda la comida”, entonces el menor que no tiene más hambre contesta: “no quiero comer más”. Ahí, de manera cómoda y facilista, mamá contesta para desacreditar su falta de hambre y que coma toda la comida algo así como: “¿sabés cuántos chicos en África se pelearían por tu plato de comida?” Táctica que funciona hasta que se crece y se entiende que la falta de ganas de comer no tiene absolutamente nada que ver con las situaciones económicas que se viven en África. Y que la falta de hambre no está legitimando de ninguna manera el hambre en África. O mejor dicho, que por no querer comer más, no se está despreciando al pueblo Africano.

10931426_10205191417759517_8741474055854213679_nEl uso del condicional no es una falacia en sí: si p entonces q. Donde incluye a p. La vida da montones de ejemplos donde los enunciados condicionales son necesarios. Los razonamientos deductivos e inductivos no podrían existir sin los condicionales. ¿Qué diferencia el uso del condicional de una falacia utilizando el condicional?

La lógica en la argumentación.

Esta lógica se utiliza en la aplicación de todos los conectores. Lo que crea la falacia no es el uso del conector en un enunciado. Muchas personas no entienden que la lógica es algo así como la Convención de Ginebra de los debates¹. Estudiaron lógica, creyeron que lo entendieron y caen en todos los lugares comunes que Wittgenstein describe como errores de lenguaje².

Se puede decir: “si esto, entonces aquello”. Lo que no se puede decir y ahí se cae en los errores de lenguaje, es algo como: si no comés, es porque te chupa un huevo el hambre en África o; si sos feminista, entonces, estás a favor de la violencia en general.

Lo que está en juego acá, es la coyuntura de la afirmación. Porque es distinto decir, si sos feminista entonces estás en contra de la violencia (porque no tiene sentido que abogues en contra de la violencia de género si no estás en contra de la violencia en general). O si no querés comer más, es porque no tenés hambre. Y volvemos al querido Si p entonces q.

Es el mismo condicional. La diferencia está en la coherencia interna del enunciado. También se puede decir un enunciado que tenga coherencia interna y que este sea incorrecto. Esta es una de las limitaciones que tiene la lógica. El tema es que cuando se está hablando de un enunciado correctamente formulado: es decir QUE DE UNA PROPOSICIÓN VERDADERA NO PODEMOS CAER EN UNA GENERALIZACIÓN FALSA (V F = F), se puede discutir y se puede hablar.

triunjacUna confusión similar se generó con la publicación anterior de este blog: Vandalismo: ese terror pequeñoburguésPor alguna razón, muchos lectores y lectoras se sintieron interpelados de la siguiente manera: “si te molestan las pintadas, sos un misógino defensor del Patriarcado”. Cuando el artículo estaba presentando de manera válida un análisis histórico del constructo llamado “vandalismo” y como se configuró a lo largo de la historia. De más está decir que a lo largo del texto nunca apareció la palabra “patriarcado”. De hecho, los contextos históricos presentados y el paralelo que se logró trazar para inferir un estado de situación al presente —en relación a los disturbios de Rosario—, no se encontraron con diferencias. Y sin embargo, se insinuó que se estaba cayendo en una conclusión inatinente.  

¿En que se diferencian las conclusiones de la nota sobre vandalismo  y el ejemplo del niño  que no quiere comer y su madre?

Que las pintadas son resultado directo de la manifestación. Es un daño colateral producido por la manifestación. Y no estamos justificando cualquier tipo de daño colateral, tampoco. Estamos hablando de pintadas en una manifestación por violencia de género. Una manifestación para que dejen de matar gente. Una manifestación para que dejen de pensar a las mujeres como cosas. Una manifestación de mujeres enfurecidas, que el Estado se esfuerza por silenciar al ignorar, reprimir al escuchar y matar con su inoperancia. En una manifestación o huelga, el afectado es el objeto de la manifestación o huelga y el tercero. Podría citarse el texto de Roland Barthes “El usuario y la huelga”, perteneciente a Mitologías como antecedente al análisis presentado. Eso, hace que no se configure una falacia del hombre de paja, cuando se señala que las reacciones desorbitadas por las paredes no son producto del patriarcado, sino de un terror pequeñoburgués. Podemos estar a favor de la tesis presentada o refutarla pero no acusar a la tesis de falaz, ya que la regla de coherencia interna del enunciado, se respeta. Falacia que sí se configura en el caso de los niños de África y el niño que no quiere comer su comida. 

Retomando la pregunta inicial, ¿por qué es tan común chicanear a los movimientos feministas con este tipo de razonamientos inválidos? La lógica parecería indicar que es para desacreditar, diluir o  dejar en la nada reclamos que son válidos. Ya que otro sin razón que se le achaca al feminismo es la legitimidad del reclamo cada vez que alguien emite una frase del tipo “¿cómo vamos a tomarlas en serio?”.

¿Tomar en serio? El reclamo es válido.

14711207_10155338240079746_1328301815238432872_oPorque más allá de todas las injusticias, igual de graves que suceden en el mundo entero; es válido que un grupo abogue por las injusticias por las cuales luchan los feminismos: por el aborto seguro, legal y gratuito; igual salario por igual tarea; eliminación del atenuante “crimen pasional”, para que dejen de morir mujeres por violencia machista y para que no haya más violaciones; y en el “mientras tanto”, para que se penalicen estas conductas como corresponde, para que no sean más realidades invisibles. Hay que educar para cambiar. Porque luchar por estas cosas es ser humanista. Si las preocupaciones de algunos y algunas no residen en las cuestiones feministas es válido que aboguen por las causas que les importan. Lo que no es válido es achacarle al feminismo que luche por las causas que a ellos y a ellas les importan. Es más, si esas causas les importan tanto como para querer achacárselas a otro movimiento y no pelear por ellas; lo más probable es que no les importen tanto como querer desacreditar a los feminismos. Como cada vez que se hace una marcha bajo el lema #NIUNAMENOS y aparecen los moralistas de siempre a recordarnos que es #NADIEMENOS. Cuando se levantan slogans contra la lucha contra el cáncer no aparecen personas a recordarnos que luchar por todas las enfermedades es importante. Razonar que la violencia de la mujer contra el hombre subyace en los feminismos —o que también es violencia de género—, o que el hambre de África es culpa de los feminismos, o que la mujer busca la superioridad en torno al hombre y por eso la discriminación positiva, o no tener ni idea que significa la palabra feminista, o desacreditar a un movimiento por una conspiración Iluminati, no es una argumentación razonada (tampoco el #NADIEMENOS).

b5da985b-2d5a-4823-bfea-5baa1cf2e0beEs una chicana que ayuda a no salir de la zona de comodidad. Es válido que no les interesen las luchas feministas. Es válido que no estén de acuerdo, y es válido que lo expresen y lo defiendan, si estas posturas son pensadas y razonadas. ¿Hay personas que se abusan del derecho? Sí, las hay. ¿Cómo se hace entonces para evitarlo? ¿Peleando contra los feminismos o buscando equidad? ¿Es válido achacarle al feminismo el abuso de derecho que se puede cometer con una ley creada para proteger a las mujeres en condiciones de desigualdad? ¿Es válido castigar mujeres no legislando una ley por aborto seguro, legal y gratuito porque no comparten la cosmovisión fetal de algunos y algunas? ¿Es válido esconder la misoginia detrás de un slogan cobarde como el #NADIEMENOS?

Entonces, cayendo en el lugar de la falacia del hombre de paja se podría decir: ¿por qué estas personas solo se preocupan por aquellas leyes que tienen en consideración el abuso de derecho que pueden realizar algunas mujeres? ¿por qué no se ocupan del abuso de derecho en todas las leyes? ¿Acaso no somos todos personas?³

Desacreditados. ¿Se resolvió algo? No. La discusión quedó en nada. Y se puede seguir así de por vida y  también las generaciones futuras. De hecho, sería muy válido dado el estado de cosas chicanear a los #NADIEMENOS a partir de ahora con absolutamente cualquier cosa que defiendan o les guste: ¿por qué el cáncer y no todas las enfermedades?, ¿por qué The Walking dead y no todas las series?, ¿por qué sólo los animales y los vegetales no?, ¿acaso los vegetales no están vivos también?, hasta el infinito.

Si estas personas creen en la igualdad, ¿por qué les molesta que las mujeres luchen por sus derechos? ¿por qué si algunos matan es “crimen pasional” y si una mujer mata es una asesina hija de puta? ¿por qué les molesta el agravante femicidio pero no, el atenuante crimen pasional

Esto debe meditarse. Y hay que evitar caer en cualquiera de estos lugares comunes; hay que pensar antes de hablar. Porque hay que hablar, hay que visibilizar, hay que debatir, hay que hacer y hay que cambiar.

El reclamo es válido, es coherente y es justo.

No se trata de intentar desacreditar y quedarnos en la nada.


¹ El paralelismo con la Convención de Ginebra no es de mi autoría.

² Donde error de lenguaje es: 1) tengo la capacidad de decir cualquier cosa, 2) digo cualquier cosa 3) como tengo la capacidad de decir cualquier cosa, asumo que la validez de lo que digo, radica en que puedo decirlo.

³ Y estamos siendo compasivos suponiendo que se ocupan del abuso de derecho en todos los rubros, y que consideran personas a todos los seres humanos sólo para configurar una falacia de conclusión inatinente.

° Esta es la parte del texto en la cual, si leyeron con atención, empiezan a diferenciar una falacia de conclusión inatinente de un enunciado correctamente formulado.

Vandalismo: ese terror pequeñoburgués.

Desde “estas resentidas que desprestigian el movimiento”, “¿pero que piensan lograr sin usar la diplomacia?”, “¡así no van a lograr que las escuchen!”, “vayan a buscarse un trabajo” hasta “¡este feminismo no me representa!”, los ninguneos hacia las mujeres que se manifestaron como mejor les salió en el último Encuentro Nacional de Mujeres 2016 han sido para cortar, juntar y poner en un álbum de recortes. 

¿Puede criticárseles a esta “buena gente”, esta falta de originalidad? 

¿Puede criticárseles esta falta de humanidad?

Recorramos la historia del término “vandalismo” y saquen sus propias conclusiones.

¿Es el ayer un poquito igual que el hoy?


La palabra vandalismo en su definición enciclopédica se refiere a “acciones de devastar y destruir cualquier cosa con obtusa maldad, especialmente si es bonita o útil”. Fue acuñada por primera vez en 1794 por Henri-Baptiste Gregórie, un “moderado” de la Revolución Francesa. Este hombre que pese a pugnar por el pronto guillotinamiento de los reyes, aspiraba a un puesto de Obispo de la Iglesia Católica; empleó este término como forma de repudiar lo que consideró los peores ejemplos del extremismo popular: la destrucción de varias iglesias durante los disturbios llevados a cabo por los sectores más combativos de la clase trabajadora durante la Revolución.

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La alusión clara era a los vándalos, identidad étnica de lengua germano-báltica que fue una de las protagonistas de las “invasiones bárbaras” que acabaron con lo que quedaba del poder del Imperio Romano en el siglo V de la era común. El episodio aludido era el saqueo de la mismísima ciudad de Roma por los guerreros vándalos ocurrido en el año 455. Roma ya había perdido su mítica inviolabilidad 45 años antes, cuando fue saqueada por los visigodos. La destrucción sufrida en aquella ocasión fue tan impresionante que quedó en la memoria colectiva como proverbial.

O por lo menos, eso fue lo que pensó Henri-Baptiste…

La realidad es que antes de ese episodio, infinidad de ciudades y poblaciones mas pequeñas habían sido saqueadas, invadidas, destrozadas, masacradas, reducidas a la nada y sus habitantes sometidos a la esclavitud. En los 600 años previos a aquel acto de los vándalos, gran parte de esos saqueos y masacres fueron perpetrados por tropas de la misma Roma, ya sea conquistando, reconquistando, pacificando o reprimiendo alguna parte de su vasto imperio.

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Sin embargo, algo tenia de especial aquel saqueo —como el visigodo—, que el conservadurismo burgués relacionó con lo que sucedía en la Francia revolucionaria. Los que estaban ejerciendo la violencia y el poder, enseñoreándose en la capital del Mundo Antiguo eran los marginados, los habitantes de la periferia, la gente de los pueblos a los que Roma compraba como esclavos a sus mismos compatriotas. Y no intentaban conquistar, no intentaban apropiarse de ese poder. Intentaban expresamente destruirlo, quebrar su orgullo, deshacerlo como símbolo.

Por eso la destrucción “con obtusa maldad” de “cosas bonitas y útiles”.

Los de abajo estaban ejerciendo el poder, de forma brutal. Y había que dejar claro que eso era por si sólo algo diferente, mucho más grave y horripilante que el tratamiento brutal al que esos de abajo eran sometidos de manera diaria.

Por eso se acuña la palabra vandalismo.

El concepto es acuñado por un conservadurismo burgués naciente y consciente de que acababa de desplazar a la aristocracia terrateniente. Mientras que en los tiempos de la Revolución Francesa se habían necesitado medios para desestabilizar el poder, ahora que se lo poseía debían encontrar modos de apuntalarlo. Poner una barrera entre ellos, los nuevos poderosos respetables, y el pueblo que quería llevar la revolución hasta el final, hasta terminar con la opresión.

La vieja aristocracia apelaba a su superioridad de origen, que era su derecho por nacimiento, para tachar de pecaminoso a quienquiera que —ignorando el designio divino en ese origen— se atreviera a agredirlos. La nueva burguesía demócrata, en cuya base ideológica estaba la igualdad universal entre las personas —hombres blancos, propietarios— necesitaba un mito diferente para erigirse en intocable. Para construirlo, se usó como base los miedos de los numerosos miembros de la masa trabajadora y de la pequeña burguesía que, después de todo, eran pequeños propietarios o aspiraban a serlo. Se apeló a esa pulsión egoísta, básica, primaria de las personas a defender “lo suyo”, tan justificada por la ideología de la propiedad privada. De esa manera, se presenta el ataque a esa propiedad privada como un acto aberrante; algo digno de un sociópata, un bárbaro incivilizado o un individuo bestial, sin respeto alguno por ese naciente orden burgués.

Si alguien es capaz de destruir lo que te costó tanto trabajo, ¿qué les haría a ustedes si los tuviera enfrente?

Por supuesto que esto era meramente una construcción discursiva hacia afuera. El verdadero subtexto es exactamente el mismo que pasaba por las mentes de los antiguos aristócratas pre-burgueses: ¿cómo se atreven los dominados a atacar nuestras propiedades?

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Poco han cambiado las cosas desde entonces, siguiendo como seguimos bajo el mismo orden burgués. Aún hoy, la violencia de los dominados para hacerse oír es vista como algo mucho más horripilante que la violencia que ellos —o ellas— tienen que sufrir. No debería extrañarnos que les parezcan más importantes las paredes que las vidas humanas. Eso está claro cuando usan la palabra vandalismo, que es un síntoma inequívoco de como piensan y de como reaccionan, porque nunca se usó de otra manera.

Por supuesto que les importan más las paredes, los monumentos y la limpieza de las calles que las vidas de las mujeres…  como también valoran más que a ellas la “respetabilidad” de sus familias protegidas por el aborto clandestino, y el “honor” de sus “hombres de familia” protegidos por el encubrimiento a los abusos sexuales.

Porque las posesiones del burgués —o del pequeñoburgués que se piensa su igual— valen más que las vidas de otras personas, por la simple razón de ser suyas. Y debido a esto, la mujer vale más como posesión que como persona. Por eso debe cuidarse, como se cuida la propiedad privada. Y siguiendo la misma lógica, encuentran impertinente que —hoy— sean las mujeres, que “deberían estar calladas la boca y sufrir lo que les tocó”, las que se atrevan a poner en duda esa importancia y esas prioridades que los valores burgueses asignan tácitamente a cada quién.

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Así, esos ataques vandálicos demuestran que las mujeres ya no tienen miedo porque ya no les queda miedo que tener. Están dispuestas a pasar por encima de esos valores, que le dan más importancia a su categoría de cosa valiosa que a su condición de persona. Eso, en esas mentes retrógradas, es muchísimo peor que una mujer asesinada porque desafía algo mucho más importante: sus estructuras.

Del mismo modo que hace 1600 años el saqueo por parte de los bárbaros era un horror mucho mayor que las masacres que había cometido Roma, y lo mismo hace 200 con las destrucciones causadas en Francia por las masas revolucionarias. Por la sencilla razón de que el blanco de los ataques eran las estructuras de poder y aquello que las sostenía.

Cuando discutimos con argumentos como éstos, debemos tener en claro que es totalmente inútil tratar de conciliar o de llegar a un punto medio. Porque desde el principio están pensados  con la lógica de que el oprimido no tiene derecho a “faltarle el respeto” a las reglas diseñadas para oprimirlo. Cuando se  esgrimen estos planteos, aludiendo  a la preocupación por las formas de una protesta o por la agresividad de los militantes —sonando casi a cinismo  para quien se ve sensibilizado de verdad por una problemática como la misoginia—, lo que en realidad se está diciendo es que están preocupados porque el orden no se altere.

Quien toma esta posición, consciente o inadvertidamente, esta señalando que necesita quitarle legitimidad a la protesta —no importa lo desesperada de ésta—, si ese orden no se respeta, porque la protesta está poniendo en jaque reglas mucho más profundas. No entienden, o no quieren entender o aceptar, que es precisamente ahí donde la acción necesita apuntar. Desafiar la estructura que asegura la dominación, la misma que protegen a las propiedades del vandalismo.

La ley de los dominadores.

Son elementos que el poder y sus voceros necesitan dejar claro. Necesitan dejar en claro que sus paredes valen más que las vidas de las personas a las que oprimen. Aunque hoy en día la corrección política les obligue a decirlo de forma encubierta. Porque el vandalismo es ese significante que utiliza el privilegiado pequeñoburgués para expresar el terror a perder sus privilegios y la caída del sistema que lo sostiene.


Escrito por: AnnaKarsis

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