No somos víctimas, somos sobrevivientes.

¿Y qué va a pasar después? ¿Cuándo el temor se apodere de vuestras entrañas? ¿Eh? ¿Cómo van a hacer después? ¿A quiénes les van a llorar?

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Porque hoy nos matan y nos violan. Hoy, por un fueguito delante de la Catedral y por sacar a un “niño carancho” de una manifestación te hacen una razzia policial. Por una performance  delante de la Catedral de Tucumán —la tierra en la que Belén estuvo presa por haber tenido un aborto espontáneo— te hacen una caza de brujas. Una performance que tenía una contextualización que no era al azar, ya que estamos hablando de la provincia en la cual no aprobaron el Protocolo de Aborto no Punible y donde si querés ejercer tu derecho, te persiguen organizaciones no gubernamentales ligadas directamente con la Iglesia Católica. La misma tierra en la cual si querés respetar los derechos de una mujer, siendo médico o médica y llegás a realizar un aborto no punible te denuncian y te hacen un juicio.

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Una performance que fue un acto de protesta, transformado en violencia simbólica por el INADI Tucumano,  y por una campaña de change.org de casi 50.000 personas. El INADI tucumano interpreta los artículos de las convenciones internacionales tan mal, como esas personas provida que para defender los derechos del niño por nacer aluden al Pacto de San José de Costa Rica, la Convención de Derechos del Niño y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, aunque no los hayan respaldado nunca. Y como siempre, la libertad de expresión de los neonazis, racistas, misóginos, machistas y homolesbotransfóbicos se eleva por encima de los pedidos de justicia. Gracias Tucumán, otra vez. Por supuesto, no solo los tucumanos fueron responsables de los acosos, las persecuciones y repudios inquisitoriales, fue un trabajo colectivo de una Argentina unida en el odio y la misoginia. Aunque la marcha del 8M haya convocado a 300.000 mujeres y estos hayan sido 50.000 gatos locos. ¿Me pregunto que hacen esas 50.000 personas cuando escuchan que el Papa Francisco perdona pedófilos, violadores, pederastas, abusadores y genocidas? Los valores muy bien ubicados: porque la misericordia siempre es para el opresor, nunca para el oprimido. Lo cual nos devuelve a la performance del aborto de Cristo de manera ineludible.

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¿Son conscientes las instituciones que si estos sectores más reaccionarios hubieran sabido que iban a recibir este tipo de poder disciplinador en vez de escuchar sus reclamos como cualquier Estado de Derecho que se preste y una ciudadanía responsable, probablemente hubieran prendido fuego todo? Porque es lo que cualquier persona razonable pensaría cuando no te dejan ningún margen. Esto responde a que siguen subestimando a las mujeres, su capacidad como sujetos de derecho y a la complicidad con la violencia machista, porque no hay otra explicación sobre la falta de voluntad. Y es curioso, no importa cuanto intenten aplicar el poder punitivo, los cambios se siguen exigiendo igual. ¿Cuál fue la última estrategia del Ministerio de Seguridad? Utilizar a Ignacio Montagut para que organizara el famoso y fracasado “Chotazo” y luego utilizarlo como “niño carancho” para poder realizar una razzia policial. ¿Este es el compromiso de este gobierno en erradicar la violencia contra la mujer?

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Las personas que se siguen quejando por las paredes y por sus patrimonios históricos, esos famosos hijos de “la violencia genera más violencia” fallan en entender cual es el origen de la violencia. Y estas medidas, las están tomando por ustedes, por ustedes que eligen hacer causa activa por sus paredes y no por las mujeres asesinadas, por las mujeres “desaparecidas y que aparecen”, por los niños y niñas abusados en el seno intrafamiliar o por miembros de la ICAR. Son ustedes y nada más que ustedes, los responsables. Ustedes son esa opinión pública en la que proyectan cuando hablan sobre la legitimidad de los derechos de las mujeres. Ustedes, los hijos del “por favor”. ¿Por favor trátennos como personas? ¿Los niños por nacer les piden por favor porque no hablan y por eso valen más que la vida de una mujer? ¿Se condolecen más porque les gusta “porque están como ausentes¹”?

Lo que yo les vuelvo a preguntar es lo siguiente. Ya nos matan, nos violan, nos abusan, nos acosan, nos hacen razzias y cazas de brujas. ¿Qué les hace pensar que el poder disciplinador que intentan imponer está funcionando?

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Cuando estén llorando por vuestras paredes manchadas de sangre y arrodillados sobre las cenizas de vuestras Iglesias moqueando por la caída de vuestras instituciones, patrimonios culturales y credos obsoletos, recuerden lo siguiente: Nosotras no somos víctimas. Somos sobrevivientes.


¹ Sí, Pablo Neruda, te re cabió.

La nueva ofensiva anti-abortista.

En este artículo especial en dos partes, Ana Karsis nos obsequia un pormenorizado análisis de la estrategia anti-abortista y por qué ésta coquetea con el comportamiento criminal tratando a la integridad física femenina como “cosa publica”. 

La segunda parte de este artículo,  realizado por Úrsula de la Marca, se ocupa de los Mitos y Leyendas pro-feto, la mujer como sujeto de derecho, su capacidad de hecho y de derecho, y las circunstancias históricas que llevaron a su muerte civil y la posterior recuperación de sus derechos civiles.


El proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del embarazo ha llegado al Congreso a fines de Junio por sexta vez. Diez años pasaron desde que se lanzó la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y unos 30 desde que el tema comenzó a discutirse en Argentina, razón por la cual se lo ha denominado una “deuda de la democracia”. En aquel entonces, sólo los países comunistas, las social-democracias y otras naciones socialmente avanzadas de Europa contaban con el reconocimiento de este derecho. En estas tres décadas este reconocimiento se ha extendido a casi la totalidad del mundo desarrollado, salvo por unos pocos países donde el aborto se encuentra desjudicializado. Esto quiere decir que el procedimiento no está penado y que la práctica solo requiere la aprobación del médico.

aborto-legalPese al tiempo que lleva el debate en Argentina, la situación no avanzó del mismo modo que en ese mundo moderno al que tantas facciones políticas aspiran —o dicen aspirar— a pertenecer. La aprobación de una ley que permita la interrupción voluntaria del embarazo se ha detenido varias veces, en muy diversas instancias. A la par de esto, la opinión pública con respecto al tema permanece dividida, pero también neutralizada en parte por el bombardeo constante y sistemático de argumentos, sobre todo desde sectores fuertemente reaccionarios que están en contra del reconocimiento de este derecho. Las voces a favor, por el contrario, han ido creciendo en alcance y solidez, pero todavía no han podido escapar de la situación de polémica con sus oponentes.

1320935287058-abortoEstos sectores reaccionarios tienen en su agenda política el perpetuar ciertos valores sociales tradicionales —y con lineas de razonamiento bastante irracionales— de un esquema en el que son clave construcciones ideológicas como las de “madre” o “familia”. Así, hacen de la discusión sobre el derecho al aborto una materia en la que puede opinar toda la sociedad. Eligen llevarla a un campo de res publica —cosa pública, esfera pública, cuando en realidad se trata de un derecho personalísimo: el derecho a la integridad y la autordeterminación física; tan elemental como el derecho a la vida y del mismo grado que éste. Los sujetos de derecho biológicamente masculinos tenemos este derecho completamente garantizado, al menos en lo que a los estados modernos respecta. Mientras que en los sujetos de derecho portadores de útero está condicionado: una de sus funciones corporales —la capacidad reproductiva—, hace que su derecho a la integridad física —o parte de él— dependan de la opinión pública.

Entonces, la existencia de la polémica, en tiempos en que ese derecho a la integridad física ha sido ya definido y reconocido a nivel internacional, es de por sí el principal problema.

El único problema.

Debido a esto, los sectores que aspiran a que la capacidad reproductiva femenina continúe siendo un espacio válido de la opinión pública —en lugar de recuperar su lugar en la órbita privada—, mantienen su posición intacta incluso aunque pierdan el debate. Justamente porque sigue siendo la opinión social la que decide, y no los sujetos de derecho a los que los cuerpos pertenecen. Incluso si se legalizara el aborto de manera condicionada, al mantenerse ese espacio de opinión, el derecho a la integridad física quedaría en entredicho para la mitad de la población: aquella que porta útero.

crrkuw8w0aaqvmbAsí, Argentina ha quedado en el grupo de países periféricos, católicos, la mayoría latinoamericanos, donde la discusión del aborto tiene lugar, donde incluso está despenalizado para ciertas circunstancias, pero donde no es reconocido como parte integral de un derecho elemental. Las razones de esto son prácticamente análogas en todas estas naciones. El poder político de la Iglesia Católica es un factor muy fuerte en todos los casos, y sin duda es uno de los pilares principales de ese sistema de valores, pero puede ser un error pensar que esta situación se limita a argumentos religiosos. Éstos son, en todo caso, uno de los elementos que apuntalan y legitiman este sistema. Porque el corazón de ellos es un elemento más básico: la misoginia.

La misoginia es una forma de odio colectivo que tiene por blanco al género femenino. Cuando hablamos de odio al género femenino, o misoginia, no hablamos necesariamente de una animosidad físicamente destructiva (aunque sabemos que la misoginia también se manifiesta de estas formas). Nos referimos a tomar por aceptable la idea, basada en premisas naturalizadas, de que un grupo humano determinado —un género en este caso, la mitad de nosotros— es inferior, dado que no es merecedor de que sus derechos individuales —o algunos de ellos— les sean reconocidos de forma cabal, sino que es lícito que estén condicionados por ciertas características. En este caso son características biológicas innatas, algo no muy diferente de lo que sufrían los africanos subsaharianos en las sociedades en las que habían sido vendidos como esclavos.

Por esto es que se habla de ideologías de odio tanto al referirse a la misoginia como al racismo.

En el caso de la mujer, la excusa biologicista para vulnerar algunos de sus derechos fundamentales es la naturalización de sus funciones reproductivas y su rol como “madre”. Porque en su cuerpo se gestan los futuros individuos de la sociedad. Esos futuros ciudadanos “potenciales”. Por medio de este atropello  —el jerarquizar el rol de útero y madre por sobre el de persona o sujeto de derecho—, el cuerpo de la mujer se transforma de manera arbitraria en un espacio válido de ser vigilado por la sociedad.

mujerxxEn los últimos tiempos se leen muchos ataques a la reivindicación del derecho al aborto, quizá como reacción a  la fuerza con la que crecen los argumentos a favor. Muchos de estos ataques abandonan la retórica clásica que apela a la “piedad por el niño por nacer”. Y en lugar de ella  asumen posiciones de violencia, franqueza y arbitrariedad más abiertas. Reacciones de este tipo se vienen viendo en niveles y ámbitos muy diversos. Por un lado tenemos declaraciones como las de Aurelio García a principios de año, que hablan de  de “hackear el código civil” —algo que ya lograron— para instalar como base legal ese debatible principio escolástico de la “concepción”, parte integral del razonamiento naturalizador de la reproducción humana y en especial del papel de la biología femenina en ella.

Por otro lado tenemos declaraciones más apelativas, menos razonadas, que tratan de cargar a la posición proaborto de un sentido peyorativo de “ideología”. Discurso común usado en el pasado para atacar a la Izquierda. Ejemplo de estos recursos son las inatinentes declaraciones de  principios de año de Luciano Bugallo, asesor de Liliana Carrió; o notas como esta: Feministas presentan el proyecto de legalización del aborto, exabruptos reaccionarios y  vagos que dejan al descubierto su carácter misógino.

Hay muchas formas de analizar esta ofensiva renovada, y  es cierto que hasta puede decirse que su animosidad deja al descubierto debilidades en la integridad de sus argumentos. Pero no debe perderse de vista que aún con estas campañas de discurso arbitrario, atropellado e irracional, los planteos anti-aborto logran su cometido.

Ese cometido no es ganar la discusión, sino mantener instalada la polémica y llevarla hacia  puntos que son irrelevantes. Puntos como los “derechos del feto/niño por nacer”, la “familia natural”, la “maternidad natural” —esgrimido por muchas mujeres profeto—, y toda una plétora de elementos que ocultan la realidad objetiva: que un derecho básico no les es reconocido de manera íntegra a la mitad de la población.

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Situar allí la discusión es ilegítimo desde el comienzo, porque se está poniendo en entredicho un derecho personalísimo. Así, a efectos operativos, el avance en la legislación logra siempre retrasarse, aún cuando la opinión pública y calificada se acerque cada vez más a una mayoría  a favor de la libertad de elección.

Los elementos de estos sectores reaccionarios que tienen peso en el poder legislativo recurren de manera sistemática a mecanismos burocráticos a nivel institucional para lograr estos retrasos —del tipo que ya se vieron en presentaciones anteriores de la ley—, evidenciando que si bien siguen convencidos de que tienen razón, no confían en poder imponerlo en una discusión diáfana. Esto puede ser lo más cerca que va a estar un fanático de reconocerse equivocado.

Pero igual, cumple su cometido.

e995319095ae77ea5d6d0d1c7f8e1f28Hay muchos modos de dar dimensión real a la definición de que la integridad física es un derecho que no puede cuestionarse sin caer en una actitud criminal. Los métodos anticonceptivos fallan, y la provisión de muchos de ellos también es vigilada por los sectores reaccionarios y misóginos.  La mayoría de los abortos tienen lugar en sectores con bajos niveles de acceso a la educación sexual. Dar en adopción no es una opción realista, ya que las trabas burocráticas pueden retrasar años el proceso, sobre todo si la persona que entrega a su hijo está en emergencia económica. Las violaciones o riesgos de salud son a veces la realidad de la abortante, pero no siempre es el caso. La gente a veces queda embarazada y no tiene posibilidades de seguir su vida normalmente con un hijo. Nueve meses de embarazo pueden truncar para siempre una carrera basada en el rendimiento físico. O limitar seriamente una carrera laboral o de estudios. O poner una carga económica que no puede llevarse adelante sin bajar la calidad de vida. O es demasiado joven para la responsabilidad de ser madre. O demasiado mayor. O está demasiado ocupada. O tuvo sexo casual y no tienen deseos de formar un vínculo parental con la persona que tuvo la mala suerte de embarazarla.

O simplemente no quiere ser madre.

Todos estos, aunque son ejemplos visibles, son el efecto externo de un denominador común: el derecho a la autodeterminación sobre el propio cuerpo y la propia vida. Por eso no pueden ser discutidos por separado. Todos ellos, y otros, son igualmente válidos. Porque lo que en realidad es válido es el derecho personalísimo que garantiza estas decisiones. Negar ese derecho, en cualquier nivel, por más que no le guste a alguien el criterio con el que se utiliza, es un crimen. Considerarse habilitado para opinar sobre si este derecho debe aplicarse o no, también es un crimen.

La omisión del Estado también es un crimen.

Crímenes sociales contra las mujeres, porque aunque los hombres seamos condenados socialmente de la misma manera en algunas de estas circunstancias, son las mujeres las que sufren esta arbitrariedad en su propio cuerpo. Por eso es un crimen misógino.

Misoginia institucionalizada.

imagesCuando se habla de aborto, debe entenderse que se habla de una parte del derecho a la integridad y a la autodeterminación física. Es un derecho personalísimo, de primer nivel, del mismo grado, no inferior que el derecho a la vida o el derecho a la libertad. Son absolutos e inalienables, es decir, no pueden ser transferidos con ningún mecanismo, ni puestos en discusión. Estando al mismo nivel, no es lícito vulnerar uno de ellos para defender el otro. Forzar a alguien a parir a otra persona es vulnerar un derecho para, en el mejor de los casos, defender otro. Sería el equivalente a obligar a alguien a donar órganos o partes del cuerpo no vitales (como sangre o médula). Cuestionar moralmente a la persona que no elije donar sus órganos puede ser válido desde un punto de vista subjetivo, pero pasar por encima de su derecho personalísimo a la integridad física y a decidir qué hacer con su cuerpo y su destino no lo es, bajo ningún punto de vista.

Por todo esto, este derecho es independiente, en términos objetivos, de los supuestos y discutidos derechos que pueda tener el embrión. La realidad objetiva es que prohibir el aborto es una vulneración sin importar si esta prohibición existe para proteger los derechos de otra persona o no. Se disfrace con la retórica que se disfrace, se están vulnerando los derechos de una persona.

Y defender los derechos de una persona quitándoselos a otra no es válido.

Ni siquiera por el derecho a la vida.

Si abortar es un crimen o no, pasa por la moral individual y subjetiva de cada persona. Que la sociedad se arrobe derechos sobre el cuerpo de las mujeres es objetivamente un crimen ético. La existencia de métodos de prevención del embarazo, o apelar a la supuesta “condición de persona” del embrión, no atenúan el crimen socialmente avalado que se está cometiendo con la prohibición  del aborto.

el-feto-es-persona-eligelavidaY justamente, muchos de los argumentos que hoy día se debaten tienen la peculiaridad de centrarse en el derecho a la vida del embrión humano al que se está abortando. Las discusiones instaladas tratan sobre cuándo comienza la vida, sobre si hay derecho o no a interrumpir el desarrollo de esa vida, sobre a partir de cuándo se desarrolla su Sistema Nervioso Central, cuando empieza a sentir dolor o a tener subjetividad propia. Esta discusión es válida a nivel técnico y clínico para darle a la gestante (si ella lo desea) información útil para tomar la decisión de interrumpir su embarazo. Pero se utiliza en la práctica para vulnerar sus derechos. Y se seguirían vulnerando si la gestante estuviera por ejemplo, obligada a escuchar estas argumentaciones estando en una situación emocionalmente vulnerable de llevar un embarazo no deseado. Ese simple gesto podría tranquilamente calificar como tortura en una corte internacional, si se aplicaran los criterios que se aplican para, por ejemplo, los crímenes de guerra.

La realidad de la discusión clínica y legal está muy lejos de llegar a una conclusión acerca de si un embrión es una persona, algo que ni siquiera es probable. Por ende, lo que proponen los anti-abortistas es vulnerar los derechos básicos de una persona para poder debatir sobre si algo cuya naturaleza de persona está en severa discusión, tiene o no derecho a vivir.

La soberanía sobre el propio cuerpo no es asunto de debate público. No tenemos derecho a debatir sobre qué hace una persona con su cuerpo. No podemos obligarla a donarle su vientre 9 meses a un feto del que no quiere ser madre, y menos sugerir que debería donarle directamente su maternidad.

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Los derechos personalísimos de los sujetos están por encima de su condición biológica, algo que todos aceptamos, excepto para las mujeres, en algunas partes atrasadas del planeta. En esos casos, su condición de persona parece secundaria a su condición de órgano reproductor social. Es aquí donde queda en evidencia la naturaleza de odio social contra la mujer oculta tras este debate público.

No es la razón la impulsora del debate, es la misoginia.

“Odio” en el sentido de anular a alguien como persona por definición, como hace el racismo con determinadas etnias. Porque incluso si se ejerce un castigo sobre un criminal, sus derechos están presentes y son vulnerados sólo porque el crimen contra la sociedad se considera razón válida para suprimirlos, aún en los casos donde se aplican penas capitales. En el caso de prohibir el aborto, por el contrario, el castigo se impone por algo que la persona es.

Se intenta hacerla esclava de su propia biología.

Esa es la definición misma de odio, y esta prohibición evidencia el odio que esta sociedad opera sobre la mitad de su población.

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Para finalizar, es importante señalar que los derechos personalísimos no son “algo” que el estado o la sociedad conceden, no procede de la fuerza de la ley ni del consenso. Los derechos personalísimos pertenecen a todas las personas en tanto personas. Lo que se le pide al estado es que los reconozca. Una autoridad que no reconoce y apoya con su legislación un derecho personalísimo, lo está vulnerando. Los aparatos reproductivos de la gente no son un bien social sobre el que podamos opinar. No son una res publica.

Es hora de que la sociedad madure y que busque defender el bien común en otro tipo de discusiones más dignas y humanas, como por ejemplo, salir a marchar por la cantidad de mujeres muertas por abortos clandestinos y su vulnerado derecho a la salud integral.


 Seguí leyendo: Repetí conmigo: “No, no vas a perder a tus seres queridos nonatos, solo vas a ganar derechos”.

Los feminismos y las falacias del hombre de paja para principiantes.

Preliminar

Escribí esta nota el 12 de octubre de 2015, en respuesta a la cantidad de animaladas y falta de empatía que tuve la oportunidad de leer en razón de los disturbios sucedidos en la Catedral de Mar del Plata por el Encuentro Nacional de Mujeres (comentarios que también se repitieron con el encuentro en Rosario). Con esta nota sucedieron muchas cosas. Por empezar, el primer párrafo tiende a confundir al lector o lectora ya que están enumeradas algunas de las falacias de conclusión inatinente. Las reacciones fueron tres: algunas personas vinieron a putearme, pensando que estaba bardeando a los feminismos… por esa maldita costumbre de no leer y sacar conclusiones apresuradas e inatinentes; el segundo grupo, pensando que estaba bardeando a los feminismos, le puso “me gusta” y me felicitó (?); el tercer grupo, leyeron efectivamente la nota y entendieron punto por punto de que iba.

Volví a publicar la nota el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de este año y hoy la publico de nuevo para AGUAFUERTES DE SANGRE, corregida (ya que la versión anterior tenía algunos errores involuntarios) y con la promesa de que tendrá una segunda, tercera y cuarta parte. Ya que los masculinistas siempre encuentran cosas para adjudicarle gratuitamente al feminismo y desinformar.

Por otro lado, se hace necesaria una segunda, tercera y cuarta parte, debido a que hay muchas confusiones con respecto a cuando se configura una falacia y cuando no. Esto se abordará en publicaciones futuras.


sargent-atlas-and-the-hesperides_2¿Por qué si el feminismo aboga por la igualdad no lucha por la violencia en general? ¿Por qué no se ocupan entonces por el hambre de los niños en Kenia? ¿Por qué si es un movimiento humanista hace discriminación positiva? ¿Por qué no se ocupan de los hombres que sufren violencia, también? ¿Acaso la violencia hacia el hombre, no es violencia? ¿Cómo esperan que las tomemos en serio?

Algo que no deja de llamar la atención es el fenómeno de que si sos feminista y solo en el caso de feminista (como si fuera un movimiento hercúleo moderno), este debe ocuparse de todos los problemas del mundo. No se le exige eso ni a los partidos políticos locales. Entonces, la pregunta es: ¿por qué sí al feminismo? Otra cosa que no deja de sorprender es la presunción de que si el feminismo lucha por determinados intereses, esos intereses necesariamente están en contra de casi todas las preguntas enumeradas en el primer párrafo (ya que la última pregunta es saco de otro costal).

Estas argumentaciones son conocidas como la falacia del hombre de paja. En lo práctico se configura cuando al discutir con un rival, se incluye en el discurso propio argumentos que no tienen nada que ver con la premisa inicial, incorporándolas a los argumentos del oponente. De esta manera, el contrincante tiene dos opciones: o ignorar los argumentos que se le adjudicaron o dedicarse a explicar que no quiso decir eso. De esta manera el contrincante sale de su eje, queda desacreditado y la discusión se pierde en la nada. Un ejemplo claro de esto es cuando una mamá le dice a a su hijo o hija: “Comé toda la comida”, entonces el menor que no tiene más hambre contesta: “no quiero comer más”. Ahí, de manera cómoda y facilista, mamá contesta para desacreditar su falta de hambre y que coma toda la comida algo así como: “¿sabés cuántos chicos en África se pelearían por tu plato de comida?” Táctica que funciona hasta que se crece y se entiende que la falta de ganas de comer no tiene absolutamente nada que ver con las situaciones económicas que se viven en África. Y que la falta de hambre no está legitimando de ninguna manera el hambre en África. O mejor dicho, que por no querer comer más, no se está despreciando al pueblo Africano.

10931426_10205191417759517_8741474055854213679_nEl uso del condicional no es una falacia en sí: si p entonces q. Donde incluye a p. La vida da montones de ejemplos donde los enunciados condicionales son necesarios. Los razonamientos deductivos e inductivos no podrían existir sin los condicionales. ¿Qué diferencia el uso del condicional de una falacia utilizando el condicional?

La lógica en la argumentación.

Esta lógica se utiliza en la aplicación de todos los conectores. Lo que crea la falacia no es el uso del conector en un enunciado. Muchas personas no entienden que la lógica es algo así como la Convención de Ginebra de los debates¹. Estudiaron lógica, creyeron que lo entendieron y caen en todos los lugares comunes que Wittgenstein describe como errores de lenguaje².

Se puede decir: “si esto, entonces aquello”. Lo que no se puede decir y ahí se cae en los errores de lenguaje, es algo como: si no comés, es porque te chupa un huevo el hambre en África o; si sos feminista, entonces, estás a favor de la violencia en general.

Lo que está en juego acá, es la coyuntura de la afirmación. Porque es distinto decir, si sos feminista entonces estás en contra de la violencia (porque no tiene sentido que abogues en contra de la violencia de género si no estás en contra de la violencia en general). O si no querés comer más, es porque no tenés hambre. Y volvemos al querido Si p entonces q.

Es el mismo condicional. La diferencia está en la coherencia interna del enunciado. También se puede decir un enunciado que tenga coherencia interna y que este sea incorrecto. Esta es una de las limitaciones que tiene la lógica. El tema es que cuando se está hablando de un enunciado correctamente formulado: es decir QUE DE UNA PROPOSICIÓN VERDADERA NO PODEMOS CAER EN UNA GENERALIZACIÓN FALSA (V F = F), se puede discutir y se puede hablar.

triunjacUna confusión similar se generó con la publicación anterior de este blog: Vandalismo: ese terror pequeñoburguésPor alguna razón, muchos lectores y lectoras se sintieron interpelados de la siguiente manera: “si te molestan las pintadas, sos un misógino defensor del Patriarcado”. Cuando el artículo estaba presentando de manera válida un análisis histórico del constructo llamado “vandalismo” y como se configuró a lo largo de la historia. De más está decir que a lo largo del texto nunca apareció la palabra “patriarcado”. De hecho, los contextos históricos presentados y el paralelo que se logró trazar para inferir un estado de situación al presente —en relación a los disturbios de Rosario—, no se encontraron con diferencias. Y sin embargo, se insinuó que se estaba cayendo en una conclusión inatinente.  

¿En que se diferencian las conclusiones de la nota sobre vandalismo  y el ejemplo del niño  que no quiere comer y su madre?

Que las pintadas son resultado directo de la manifestación. Es un daño colateral producido por la manifestación. Y no estamos justificando cualquier tipo de daño colateral, tampoco. Estamos hablando de pintadas en una manifestación por violencia de género. Una manifestación para que dejen de matar gente. Una manifestación para que dejen de pensar a las mujeres como cosas. Una manifestación de mujeres enfurecidas, que el Estado se esfuerza por silenciar al ignorar, reprimir al escuchar y matar con su inoperancia. En una manifestación o huelga, el afectado es el objeto de la manifestación o huelga y el tercero. Podría citarse el texto de Roland Barthes “El usuario y la huelga”, perteneciente a Mitologías como antecedente al análisis presentado. Eso, hace que no se configure una falacia del hombre de paja, cuando se señala que las reacciones desorbitadas por las paredes no son producto del patriarcado, sino de un terror pequeñoburgués. Podemos estar a favor de la tesis presentada o refutarla pero no acusar a la tesis de falaz, ya que la regla de coherencia interna del enunciado, se respeta. Falacia que sí se configura en el caso de los niños de África y el niño que no quiere comer su comida. 

Retomando la pregunta inicial, ¿por qué es tan común chicanear a los movimientos feministas con este tipo de razonamientos inválidos? La lógica parecería indicar que es para desacreditar, diluir o  dejar en la nada reclamos que son válidos. Ya que otro sin razón que se le achaca al feminismo es la legitimidad del reclamo cada vez que alguien emite una frase del tipo “¿cómo vamos a tomarlas en serio?”.

¿Tomar en serio? El reclamo es válido.

14711207_10155338240079746_1328301815238432872_oPorque más allá de todas las injusticias, igual de graves que suceden en el mundo entero; es válido que un grupo abogue por las injusticias por las cuales luchan los feminismos: por el aborto seguro, legal y gratuito; igual salario por igual tarea; eliminación del atenuante “crimen pasional”, para que dejen de morir mujeres por violencia machista y para que no haya más violaciones; y en el “mientras tanto”, para que se penalicen estas conductas como corresponde, para que no sean más realidades invisibles. Hay que educar para cambiar. Porque luchar por estas cosas es ser humanista. Si las preocupaciones de algunos y algunas no residen en las cuestiones feministas es válido que aboguen por las causas que les importan. Lo que no es válido es achacarle al feminismo que luche por las causas que a ellos y a ellas les importan. Es más, si esas causas les importan tanto como para querer achacárselas a otro movimiento y no pelear por ellas; lo más probable es que no les importen tanto como querer desacreditar a los feminismos. Como cada vez que se hace una marcha bajo el lema #NIUNAMENOS y aparecen los moralistas de siempre a recordarnos que es #NADIEMENOS. Cuando se levantan slogans contra la lucha contra el cáncer no aparecen personas a recordarnos que luchar por todas las enfermedades es importante. Razonar que la violencia de la mujer contra el hombre subyace en los feminismos —o que también es violencia de género—, o que el hambre de África es culpa de los feminismos, o que la mujer busca la superioridad en torno al hombre y por eso la discriminación positiva, o no tener ni idea que significa la palabra feminista, o desacreditar a un movimiento por una conspiración Iluminati, no es una argumentación razonada (tampoco el #NADIEMENOS).

b5da985b-2d5a-4823-bfea-5baa1cf2e0beEs una chicana que ayuda a no salir de la zona de comodidad. Es válido que no les interesen las luchas feministas. Es válido que no estén de acuerdo, y es válido que lo expresen y lo defiendan, si estas posturas son pensadas y razonadas. ¿Hay personas que se abusan del derecho? Sí, las hay. ¿Cómo se hace entonces para evitarlo? ¿Peleando contra los feminismos o buscando equidad? ¿Es válido achacarle al feminismo el abuso de derecho que se puede cometer con una ley creada para proteger a las mujeres en condiciones de desigualdad? ¿Es válido castigar mujeres no legislando una ley por aborto seguro, legal y gratuito porque no comparten la cosmovisión fetal de algunos y algunas? ¿Es válido esconder la misoginia detrás de un slogan cobarde como el #NADIEMENOS?

Entonces, cayendo en el lugar de la falacia del hombre de paja se podría decir: ¿por qué estas personas solo se preocupan por aquellas leyes que tienen en consideración el abuso de derecho que pueden realizar algunas mujeres? ¿por qué no se ocupan del abuso de derecho en todas las leyes? ¿Acaso no somos todos personas?³

Desacreditados. ¿Se resolvió algo? No. La discusión quedó en nada. Y se puede seguir así de por vida y  también las generaciones futuras. De hecho, sería muy válido dado el estado de cosas chicanear a los #NADIEMENOS a partir de ahora con absolutamente cualquier cosa que defiendan o les guste: ¿por qué el cáncer y no todas las enfermedades?, ¿por qué The Walking dead y no todas las series?, ¿por qué sólo los animales y los vegetales no?, ¿acaso los vegetales no están vivos también?, hasta el infinito.

Si estas personas creen en la igualdad, ¿por qué les molesta que las mujeres luchen por sus derechos? ¿por qué si algunos matan es “crimen pasional” y si una mujer mata es una asesina hija de puta? ¿por qué les molesta el agravante femicidio pero no, el atenuante crimen pasional

Esto debe meditarse. Y hay que evitar caer en cualquiera de estos lugares comunes; hay que pensar antes de hablar. Porque hay que hablar, hay que visibilizar, hay que debatir, hay que hacer y hay que cambiar.

El reclamo es válido, es coherente y es justo.

No se trata de intentar desacreditar y quedarnos en la nada.


¹ El paralelismo con la Convención de Ginebra no es de mi autoría.

² Donde error de lenguaje es: 1) tengo la capacidad de decir cualquier cosa, 2) digo cualquier cosa 3) como tengo la capacidad de decir cualquier cosa, asumo que la validez de lo que digo, radica en que puedo decirlo.

³ Y estamos siendo compasivos suponiendo que se ocupan del abuso de derecho en todos los rubros, y que consideran personas a todos los seres humanos sólo para configurar una falacia de conclusión inatinente.

° Esta es la parte del texto en la cual, si leyeron con atención, empiezan a diferenciar una falacia de conclusión inatinente de un enunciado correctamente formulado.

Vandalismo: ese terror pequeñoburgués.

Desde “estas resentidas que desprestigian el movimiento”, “¿pero que piensan lograr sin usar la diplomacia?”, “¡así no van a lograr que las escuchen!”, “vayan a buscarse un trabajo” hasta “¡este feminismo no me representa!”, los ninguneos hacia las mujeres que se manifestaron como mejor les salió en el último Encuentro Nacional de Mujeres 2016 han sido para cortar, juntar y poner en un álbum de recortes. 

¿Puede criticárseles a esta “buena gente”, esta falta de originalidad? 

¿Puede criticárseles esta falta de humanidad?

Recorramos la historia del término “vandalismo” y saquen sus propias conclusiones.

¿Es el ayer un poquito igual que el hoy?


La palabra vandalismo en su definición enciclopédica se refiere a “acciones de devastar y destruir cualquier cosa con obtusa maldad, especialmente si es bonita o útil”. Fue acuñada por primera vez en 1794 por Henri-Baptiste Gregórie, un “moderado” de la Revolución Francesa. Este hombre que pese a pugnar por el pronto guillotinamiento de los reyes, aspiraba a un puesto de Obispo de la Iglesia Católica; empleó este término como forma de repudiar lo que consideró los peores ejemplos del extremismo popular: la destrucción de varias iglesias durante los disturbios llevados a cabo por los sectores más combativos de la clase trabajadora durante la Revolución.

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La alusión clara era a los vándalos, identidad étnica de lengua germano-báltica que fue una de las protagonistas de las “invasiones bárbaras” que acabaron con lo que quedaba del poder del Imperio Romano en el siglo V de la era común. El episodio aludido era el saqueo de la mismísima ciudad de Roma por los guerreros vándalos ocurrido en el año 455. Roma ya había perdido su mítica inviolabilidad 45 años antes, cuando fue saqueada por los visigodos. La destrucción sufrida en aquella ocasión fue tan impresionante que quedó en la memoria colectiva como proverbial.

O por lo menos, eso fue lo que pensó Henri-Baptiste…

La realidad es que antes de ese episodio, infinidad de ciudades y poblaciones mas pequeñas habían sido saqueadas, invadidas, destrozadas, masacradas, reducidas a la nada y sus habitantes sometidos a la esclavitud. En los 600 años previos a aquel acto de los vándalos, gran parte de esos saqueos y masacres fueron perpetrados por tropas de la misma Roma, ya sea conquistando, reconquistando, pacificando o reprimiendo alguna parte de su vasto imperio.

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Sin embargo, algo tenia de especial aquel saqueo —como el visigodo—, que el conservadurismo burgués relacionó con lo que sucedía en la Francia revolucionaria. Los que estaban ejerciendo la violencia y el poder, enseñoreándose en la capital del Mundo Antiguo eran los marginados, los habitantes de la periferia, la gente de los pueblos a los que Roma compraba como esclavos a sus mismos compatriotas. Y no intentaban conquistar, no intentaban apropiarse de ese poder. Intentaban expresamente destruirlo, quebrar su orgullo, deshacerlo como símbolo.

Por eso la destrucción “con obtusa maldad” de “cosas bonitas y útiles”.

Los de abajo estaban ejerciendo el poder, de forma brutal. Y había que dejar claro que eso era por si sólo algo diferente, mucho más grave y horripilante que el tratamiento brutal al que esos de abajo eran sometidos de manera diaria.

Por eso se acuña la palabra vandalismo.

El concepto es acuñado por un conservadurismo burgués naciente y consciente de que acababa de desplazar a la aristocracia terrateniente. Mientras que en los tiempos de la Revolución Francesa se habían necesitado medios para desestabilizar el poder, ahora que se lo poseía debían encontrar modos de apuntalarlo. Poner una barrera entre ellos, los nuevos poderosos respetables, y el pueblo que quería llevar la revolución hasta el final, hasta terminar con la opresión.

La vieja aristocracia apelaba a su superioridad de origen, que era su derecho por nacimiento, para tachar de pecaminoso a quienquiera que —ignorando el designio divino en ese origen— se atreviera a agredirlos. La nueva burguesía demócrata, en cuya base ideológica estaba la igualdad universal entre las personas —hombres blancos, propietarios— necesitaba un mito diferente para erigirse en intocable. Para construirlo, se usó como base los miedos de los numerosos miembros de la masa trabajadora y de la pequeña burguesía que, después de todo, eran pequeños propietarios o aspiraban a serlo. Se apeló a esa pulsión egoísta, básica, primaria de las personas a defender “lo suyo”, tan justificada por la ideología de la propiedad privada. De esa manera, se presenta el ataque a esa propiedad privada como un acto aberrante; algo digno de un sociópata, un bárbaro incivilizado o un individuo bestial, sin respeto alguno por ese naciente orden burgués.

Si alguien es capaz de destruir lo que te costó tanto trabajo, ¿qué les haría a ustedes si los tuviera enfrente?

Por supuesto que esto era meramente una construcción discursiva hacia afuera. El verdadero subtexto es exactamente el mismo que pasaba por las mentes de los antiguos aristócratas pre-burgueses: ¿cómo se atreven los dominados a atacar nuestras propiedades?

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Poco han cambiado las cosas desde entonces, siguiendo como seguimos bajo el mismo orden burgués. Aún hoy, la violencia de los dominados para hacerse oír es vista como algo mucho más horripilante que la violencia que ellos —o ellas— tienen que sufrir. No debería extrañarnos que les parezcan más importantes las paredes que las vidas humanas. Eso está claro cuando usan la palabra vandalismo, que es un síntoma inequívoco de como piensan y de como reaccionan, porque nunca se usó de otra manera.

Por supuesto que les importan más las paredes, los monumentos y la limpieza de las calles que las vidas de las mujeres…  como también valoran más que a ellas la “respetabilidad” de sus familias protegidas por el aborto clandestino, y el “honor” de sus “hombres de familia” protegidos por el encubrimiento a los abusos sexuales.

Porque las posesiones del burgués —o del pequeñoburgués que se piensa su igual— valen más que las vidas de otras personas, por la simple razón de ser suyas. Y debido a esto, la mujer vale más como posesión que como persona. Por eso debe cuidarse, como se cuida la propiedad privada. Y siguiendo la misma lógica, encuentran impertinente que —hoy— sean las mujeres, que “deberían estar calladas la boca y sufrir lo que les tocó”, las que se atrevan a poner en duda esa importancia y esas prioridades que los valores burgueses asignan tácitamente a cada quién.

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Así, esos ataques vandálicos demuestran que las mujeres ya no tienen miedo porque ya no les queda miedo que tener. Están dispuestas a pasar por encima de esos valores, que le dan más importancia a su categoría de cosa valiosa que a su condición de persona. Eso, en esas mentes retrógradas, es muchísimo peor que una mujer asesinada porque desafía algo mucho más importante: sus estructuras.

Del mismo modo que hace 1600 años el saqueo por parte de los bárbaros era un horror mucho mayor que las masacres que había cometido Roma, y lo mismo hace 200 con las destrucciones causadas en Francia por las masas revolucionarias. Por la sencilla razón de que el blanco de los ataques eran las estructuras de poder y aquello que las sostenía.

Cuando discutimos con argumentos como éstos, debemos tener en claro que es totalmente inútil tratar de conciliar o de llegar a un punto medio. Porque desde el principio están pensados  con la lógica de que el oprimido no tiene derecho a “faltarle el respeto” a las reglas diseñadas para oprimirlo. Cuando se  esgrimen estos planteos, aludiendo  a la preocupación por las formas de una protesta o por la agresividad de los militantes —sonando casi a cinismo  para quien se ve sensibilizado de verdad por una problemática como la misoginia—, lo que en realidad se está diciendo es que están preocupados porque el orden no se altere.

Quien toma esta posición, consciente o inadvertidamente, esta señalando que necesita quitarle legitimidad a la protesta —no importa lo desesperada de ésta—, si ese orden no se respeta, porque la protesta está poniendo en jaque reglas mucho más profundas. No entienden, o no quieren entender o aceptar, que es precisamente ahí donde la acción necesita apuntar. Desafiar la estructura que asegura la dominación, la misma que protegen a las propiedades del vandalismo.

La ley de los dominadores.

Son elementos que el poder y sus voceros necesitan dejar claro. Necesitan dejar en claro que sus paredes valen más que las vidas de las personas a las que oprimen. Aunque hoy en día la corrección política les obligue a decirlo de forma encubierta. Porque el vandalismo es ese significante que utiliza el privilegiado pequeñoburgués para expresar el terror a perder sus privilegios y la caída del sistema que lo sostiene.


Escrito por: AnnaKarsis

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